La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) anunció la implementación del sistema de fuera de juego semiautomático (SAOT) a partir de la vigésima jornada de la Série A del Brasileirão. La inversión total ronda los diez millones de reales para equipar todos los estadios de la primera división.
El sistema se apoya en una red de iPhone 17 Pro distribuidos alrededor de cada estadio. En el Maracaná de Río de Janeiro, primera sede en recibir la tecnología, se instalaron 12 estructuras que albergan 28 dispositivos. Las cámaras operan en resolución 4K y a 100 fotogramas por segundo, lo que permite generar una réplica virtual tridimensional del partido en tiempo real.
La empresa Genius es la responsable del despliegue. Según la CBF, el objetivo es reducir el tiempo de revisión del VAR en aproximadamente un 33 %, acelerando las decisiones en una de las jugadas que más controversia genera en el fútbol.
Los próximos estadios en recibir la tecnología son el Nilton Santos, Arena MRV, Mineirão y Mangueirão.
Palmeiras financia su propia infraestructura
El dato más revelador llega desde el sector privado. Palmeiras decidió no esperar el calendario de la CBF y financió con recursos propios la instalación del SAOT en el Arena Crefisa Barueri, sede alterna del club cuando el Nubank Park no está disponible por conciertos u otros eventos.
La inversión fue de 500.000 reales, equivalentes a cerca de 100.000 dólares. Con ello, el conjunto paulista se convierte en el primer equipo que costea directamente esta infraestructura arbitral, garantizando que sus partidos en esa sede cumplan con los requisitos tecnológicos de la competición.
La elección del iPhone 17 Pro responde a una lógica de costos y estandarización: trabajar con un mismo modelo comercial facilita la calibración del sistema y asegura que todas las cámaras capturen imágenes bajo especificaciones técnicas idénticas, sin recurrir a equipos propietarios de mayor precio. La tecnología ya opera en competiciones de FIFA y UEFA.
Lectura de Ágora Capital
El caso Palmeiras ilustra un principio simple: cuando la libre empresa no espera al Estado, la innovación llega antes y más barato. El club no pidió subsidio ni esperó que la federación resolviera su problema logístico; calculó el retorno, asumió el riesgo y ejecutó. Cien mil dólares para proteger una sede de liga es una decisión de negocio, no de filantropía deportiva.
Lo que el Brasileirão está haciendo con dispositivos comerciales de consumo masivo —en lugar de sistemas propietarios de millones— es también una señal para otros mercados: la tecnología de alto rendimiento ya no es monopolio de organismos con presupuestos infinitos. Capital, reglas claras y competencia hacen el resto.



