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Bayer lleva casi dos tercios de sus moléculas a ensayos clínicos en Argentina y apuesta a más inversión

Stefan Oelrich, miembro del Consejo de Administración global de Bayer, reunió con Milei y señaló que el nuevo régimen de patentes es el incentivo que la industria farmacéutica necesitaba para escalar su presencia en el país.
Imagen ilustrativa
jueves 16 de julio de 2026

Stefan Oelrich aterrizó en Buenos Aires con agenda precisa: reunirse con el presidente Javier Milei para hablar de innovación, propiedad intelectual y competitividad. El ejecutivo alemán, miembro del Consejo de Administración global de Bayer y presidente de la Federación Europea de Industrias y Asociaciones Farmacéuticas desde 2025, no llegó como turista. Llegó como inversor que toma temperatura.

La compañía lleva más de 100 años en Argentina y la ubica entre sus 10 mercados más relevantes a nivel mundial. Opera cinco plantas industriales y varias instalaciones de I+D en sus tres divisiones: Crop Science, Farmacéutica y Consumer Health. El dato más concreto que Oelrich puso sobre la mesa: actualmente casi dos tercios de las moléculas que Bayer desarrolla cuentan con estudios clínicos en el país.

«El país ya es un hub importante para nosotros, aunque podría serlo aún más», afirmó Oelrich en diálogo con LA NACION.

El catalizador del optimismo es el cambio en el régimen de patentes. Para Oelrich, el argumento de que proteger la innovación encarece los tratamientos tiene «una mirada muy limitada». Su diagnóstico es directo: «No existe innovación sin protección de la propiedad intelectual. Si todos esperan beneficiarse de la innovación sin contribuir a sostenerla, el sistema deja de funcionar».

En esa línea, valoró la incorporación de Argentina al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) como «una señal de confianza para el resto del mundo» que mejora la competitividad del país y habilita una visión de inversión de largo plazo.

Sobre la reunión con Milei, Oelrich fue escueto en cuanto a anuncios concretos —«no hubo ningún anuncio en particular»— pero subrayó que fue «muy productiva» y que le interesaba conocer de primera mano la visión del Gobierno sobre innovación y competitividad. La condición para profundizar inversiones, dijo, es simple: «Necesitamos un entorno que nos permita planificar a largo plazo. Para eso hace falta estabilidad».

En cuanto al pipeline global, Oelrich destacó cinco productos en etapa avanzada de desarrollo, enfocados en cáncer de próstata, menopausia e insuficiencia cardíaca, entre otras patologías. Un quinto tratamiento espera lanzarse hacia fines de este año en Estados Unidos y Europa.

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El mercado ya votó hace décadas en este expediente: los países que protegen la propiedad intelectual concentran la inversión en I+D; los que la erosionan exportan talento y reciben genéricos. Que Bayer nunca se haya ido de Argentina, incluso en los años de mayor hostilidad regulatoria, habla de la profundidad de su apuesta. Pero «nunca irse» no es lo mismo que «escalar». El cambio en el régimen de patentes y la adhesión al PCT son precisamente las reglas claras que el capital farmacéutico exige antes de comprometer presupuesto de investigación clínica. Si la continuidad política acompaña, Argentina tiene ante sí una ventana real para convertir su potencial académico —hoy subaprovechado, según el propio Oelrich— en retorno económico concreto.

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