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Argentina destruye más empresas de las que crea: el Gobierno invoca a Schumpeter pero los números no cierran

La apertura comercial avanza, pero el empleo formal cae y los recursos liberados terminan en la informalidad, no en sectores más productivos.
Imagen ilustrativa
martes 4 de agosto de 2026

El Gobierno argentino sostiene que la economía atraviesa un proceso de «destrucción creativa» en el sentido que Josef Schumpeter desarrolló en Capitalismo, socialismo y democracia (1942): viejas empresas ceden paso a nuevas más eficientes, la productividad sube y el empleo se recompone en sectores de mayor valor.

El problema es que los datos no acompañan el relato.

Lo que dice Schumpeter —y lo que ocurre en Argentina

En el esquema schumpeteriano, primero aparece el empresario innovador que invierte y crea puestos de trabajo; después desaparecen los competidores que no pueden seguir el ritmo. El automóvil mató al carruaje, pero generó fábricas, mecánicos y toda una cadena de valor nueva. La computadora eliminó la máquina de escribir, pero creó programadores, técnicos y plataformas digitales.

En Argentina, según el análisis publicado por Infobae, «llevamos décadas experimentando algo bastante diferente: mucha destrucción y poca creación». Cierran empresas y desaparecen comercios, pero los recursos liberados no migran hacia actividades más eficientes. El trabajador que pierde su puesto no es absorbido por una firma más productiva: termina en la informalidad. El propio Gobierno reconoce que el empleo crece, pero en el mercado informal.

Minería y energía no alcanzan

Hay inversiones en minería y energía, reconoce el análisis, pero con «escasa demanda de mano de obra en forma directa». Para que esos sectores funcionen como motor de destrucción creativa schumpeteriana, el derrame debería verse en comercio, hotelería, construcción y gastronomía en las zonas productoras. Ese efecto multiplicador aún no es visible.

El diagnóstico es preciso: «Se destruyen más empresas de las que se crean». Ninguna de las dos condiciones del ciclo virtuoso —más empresas nuevas que las que cierran y mayor demanda de empleo— se cumple hoy.

La mochila fiscal, el elefante en la sala

La apertura comercial es necesaria, concluye el análisis, pero no puede ser la única palanca. Obligar a las empresas locales a competir con el mundo mientras el Estado —nacional, provincial y municipal— las carga con impuestos es una ecuación que produce destrucción sin creación.

Desde Ágora Capital, la lectura es directa: el ajuste fiscal de Milei era condición necesaria, no suficiente. El mercado necesita reglas claras, carga tributaria razonable y un Estado que deje de absorber el ahorro privado para que el capital encuentre su camino hacia sectores de mayor productividad. Mientras la presión impositiva de los tres niveles de gobierno siga aplastando el margen de las empresas formales, los recursos liberados por la apertura no fluirán hacia inversión productiva: fluirán hacia la informalidad o hacia el exterior.

El concepto de Schumpeter es correcto y el objetivo de reformar la estructura productiva argentina es el adecuado. Pero invocar la teoría sin completar las reformas de fondo —macro ordenada, carga tributaria competitiva, seguridad jurídica— es confundir el mapa con el territorio. El mercado ya votó: más informalidad, menos empleo formal, inversión concentrada en pocos sectores de capital intensivo. La destrucción creativa llega cuando el Estado deja de ser el principal obstáculo a la creación.

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