El director Honey Trehan recibió la llamada a las 8 de la noche del 5 de julio. Una hora después, Satluj —su biopic protagonizado por Diljit Dosanjh sobre el activista de derechos humanos Jaswant Singh Khalra— sería retirada de ZEE5. La plataforma llevaba apenas 48 horas transmitiéndola.
«Dijeron que tenían que quitarla por la presión del gobierno», declaró Trehan en declaraciones exclusivas a Forbes. Es la primera vez que el director confirma en público lo que ZEE5 le comunicó directamente. El comunicado oficial de la plataforma solo citó «desarrollos actuales».
Un expediente de tres años y 127 cortes
El recorrido del filme hasta esas 48 horas de streaming fue todo menos lineal. Cuando fue presentado ante la Junta Central de Certificación Cinematográfica de India —entonces bajo el título Ghallughara— a finales de 2022, el organismo solicitó 21 cortes y un cambio de título a Punjab '95. Con el tiempo, esa cifra escaló a 127 exigencias. Entre ellas figuraban, según se informó, la eliminación de referencias a lugares reales como Tarn Taran, modificaciones a menciones de la Policía del Punjab y la supresión de planos con la bandera india.
El filme también fue retirado de la programación del Festival Internacional de Cine de Toronto; una fuente citada por Variety señaló que existían «fuerzas políticas en juego».
Trehan concluye que la película «no sirve a su propaganda», en referencia a las autoridades. Su hipótesis: los oficiales de policía condenados por el caso Khalra habrían presionado al gobierno argumentando que actuaron bajo instrucciones oficiales, y el Estado preferiría bloquear el tema antes que enfrentar ese señalamiento.
El caso que narra el filme
Jaswant Singh Khalra fue un activista del Punjab que a principios de los años noventa documentó lo que describió como miles de cremaciones ilegales de personas supuestamente ejecutadas por la Policía del Punjab durante los años de militancia. Trabajando con registros de crematorios, identificó aproximadamente 25,000 casos de individuos cremados sin notificación a sus familias ni procedimiento legal. Fue secuestrado en septiembre de 1995 y posteriormente asesinado. Seis oficiales de policía fueron condenados por su muerte; las condenas fueron ratificadas por la Corte Suprema de India en 2011. Amnistía Internacional calificó en 1998 la situación como una «burla a la justicia».
El efecto Streisand y el apoyo transversal
ZEE5 subió el filme la noche del 3 de julio sin anuncio ni campaña de marketing. «Si lo hubiéramos promovido dos días antes, no se habría estrenado», dijo Trehan. Pese a su brevísima ventana oficial, Satluj desencadenó un efecto Streisand: proyecciones no oficiales se multiplicaron en aldeas del Punjab y el filme acumuló respaldo político de distintos partidos. Diljit Dosanjh, según el director, se ha convertido en símbolo del mensaje de la película.
Trehan ahora pide al gobierno que permita el estreno formal en India, donde el filme permanece bloqueado.
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El mercado de contenidos digitales en India mueve miles de millones de dólares anuales, y casos como el de Satluj recuerdan que la certeza jurídica no es solo un principio abstracto: es el cimiento sobre el que los productores, inversores y plataformas calculan el retorno de sus proyectos. Cuando el aparato estatal puede retirar un contenido en una hora sin causa documentada, el riesgo regulatorio se vuelve incalculable y el capital creativo migra. La ironía es que la censura logró exactamente lo contrario de lo que buscaba: amplificó el mensaje que pretendía silenciar.



