La secuela The Devil Wears Prada 2 completa su ciclo comercial con números que pocos estudios pueden presumir en 2026: $690.3 millones recaudados a nivel global contra un presupuesto de producción de $100 millones, antes de gastos de mercadeo.
El desglose habla por sí solo. La taquilla doméstica cerró el 23 de julio en $220.5 millones; el mercado internacional aportó cerca de $469.8 millones adicionales. El filme abrió en salas el 1 de mayo, migró a video on demand premium el 30 de junio y ahora llega a Hulu on Disney+ el miércoles 29 de julio.
Detrás de la cámara, el estudio apostó por continuidad: David Frankel, director del original de 2006, escribió y dirigió la secuela. Meryl Streep regresa como Miranda Priestley; Anne Hathaway retoma a Andy Sachs, ahora periodista de prensa escrita que enfrenta los despidos masivos que el modelo digital impone a la industria impresa. Emily Blunt incorpora a Emily, ex asistente convertida en ejecutiva senior de Dior, y Stanley Tucci completa el cuarteto principal.
El elenco de apoyo incluye a Lucy Liu, Kenneth Branagh, B.J. Novak, Simone Ashley y Tracie Thoms, entre otros. Los cameos suman nombres del entretenimiento —Jon Batiste, Ciara, Karl-Anthony Towns y Lady Gaga— y del mundo de la moda: Donatella Versace, Marc Jacobs, Domenico Dolce, Stefano Gabbana, Brunello Cucinelli, Naomi Campbell, Ashley Graham, Winnie Harlow y Heidi Klum.
Para quienes no suscriban a la plataforma, el paquete Hulu on Disney+ con anuncios cuesta $12.99 al mes; la versión sin anuncios, $19.99 al mes.
Lectura de Ágora Capital. El mercado ya votó: una propiedad intelectual con 20 años de vida generó un múltiplo de retorno que justifica con creces la inversión. El modelo de ventana escalonada —salas, PVOD, streaming por suscripción— maximiza el flujo de ingresos en cada segmento de audiencia y demuestra que la distribución por capas sigue siendo la estrategia óptima para activos de alto reconocimiento de marca.
En un sector donde los estudios debaten si saltarse el cine directo al streaming, The Devil Wears Prada 2 ofrece un argumento concreto a favor de la sala como primer amplificador de valor. La taquilla internacional —más del doble de la doméstica— refuerza además que las franquicias con elenco de primer nivel mantienen tracción global. Capital busca reglas claras, y aquí la regla es simple: IP reconocida, ejecución consistente, monetización por etapas.



