El peso mexicano cedió terreno frente al dólar el 13 de julio de 2026, según datos de Bloomberg citados por El Financiero: la divisa se depreció 0.17%, con el tipo de cambio ubicándose en 17.50 pesos por dólar, tres centavos por encima del cierre de la sesión previa.
El detonante inmediato fue la escalada entre Estados Unidos e Irán en Medio Oriente. El presidente Donald Trump anunció en una entrevista con Fox News que Washington cobrará una cuota por tránsito seguro en el Estrecho de Ormuz. «Nos convertiremos en el guardián del Estrecho (...) Y deberíamos ser compensados por eso», declaró Trump según la fuente.
En ventanillas del banco Banamex, el dólar se vendió en 17.95 pesos y se compró en 16.98 pesos durante esa sesión.
El contexto de tasas amplifica la lectura de riesgo. El bono soberano mexicano a 10 años rinde 9.03%, frente al 4.60% del Tesoro estadounidense al mismo plazo: un diferencial de 443 puntos base que refleja la prima de riesgo país que el mercado exige a México.
Felipe Mendoza, analista de mercados en EBC Financial Group, señaló que «no se esperan movimientos disruptivos por calendario económico» para el resto de la jornada, y que «la tendencia del peso dependerá de la lectura del mercado sobre la viabilidad fiscal de México frente a las exigencias estadounidenses en el T-MEC».
El peso no fue la divisa más golpeada en la sesión. Entre las más depreciadas ante el dólar figuraron el shekel israelí (−0.51%), la rupia india (−0.31%), la rupia indonesia (−0.28%), el yen japonés (−0.27%) y el rand sudafricano (−0.20%), según la misma fuente.
La lectura de Ágora Capital. La depreciación del peso es modesta en términos absolutos, pero el comentario del analista apunta al verdadero factor de fondo: la incertidumbre sobre la posición fiscal de México ante las renegociaciones del T-MEC. Capital busca reglas claras, y cuando el marco comercial se vuelve una variable política, el tipo de cambio cobra la prima antes que los funcionarios terminen de hablar. El diferencial de tasas de 443 puntos base no es solo señal de inflación contenida; es el precio que paga el contribuyente mexicano por un aparato estatal que no ha logrado transmitir credibilidad fiscal al mercado. Mientras Washington eleva la presión arancelaria y geopolítica, Ciudad de México necesita respuestas de política económica, no de retórica.

