El mercado ya votó: la soja en Chicago cerró este lunes en US$444,05 por tonelada para la posición agosto, una caída de US$14,51 que borró de un golpe todo lo ganado la semana pasada, cuando la oleaginosa había tocado sus valores más altos en al menos dos años al superar los US$458.
Tres factores convergieron para revertir la tendencia. Primero, la distensión diplomática en Medio Oriente redujo el temor a interrupciones en el abastecimiento de crudo y el petróleo retrocedió desde niveles cercanos a los US$100 por barril. Como el aceite de soja es materia prima clave para los biocombustibles, la presión se trasladó de inmediato: el aceite de soja llegó a perder hasta US$63 por tonelada, una baja del 4,15%, según datos de los analistas consultados. Segundo, los modelos climáticos incorporaron precipitaciones para el cierre de la primera semana de agosto en el Medio Oeste estadounidense, mejorando las perspectivas para los cultivos de soja y maíz. Tercero, los fondos de inversión aprovecharon la fuerte suba previa para tomar ganancias, lo que aceleró la corrección.
«CME arranca la semana con bajas sustanciales, especialmente en los precios de la soja y el maíz», señaló Eugenio Irazuegui, analista de Zeni, quien atribuyó el movimiento a «la debilidad del petróleo y los activos energéticos por cierto optimismo en los esfuerzos diplomáticos tras el cese de los ataques en Medio Oriente». Lorena D'Angelo, de AZ-Group, agregó que también influyó el avance de las negociaciones entre Rusia y Ucrania. «Se dio vuelta el mercado», resumió.
En Argentina, el impacto fue notablemente menor. La posición agosto en Rosario cerró en US$342 por tonelada, con una caída de solo US$6, menos de la mitad del retroceso registrado en Chicago. Nehuén López, de Grassi SA, explicó que «EE.UU. ha mostrado mayor sensibilidad por su vinculación en el complejo soja y por su política de biocombustibles».
Pero hay más detrás de esa divergencia. El analista Germán Iturriza recordó que los productores argentinos llevan vendido el 45,3% de la cosecha 2025/26, equivalente a 22,2 millones de toneladas, frente al 54,4% registrado a la misma fecha del ciclo anterior. Además, el 48,1% del volumen comercializado permanece «a fijar», sin precio definido. La razón es estructural: «Viene con una campaña récord de maíz, está cosechando maíz tardío y además tuvo campañas récord de trigo y de girasol. Otros productos están supliendo la venta de soja», indicó Iturriza. D'Angelo añadió que la baja del costo de financiamiento refuerza esa estrategia y que la soja sigue funcionando como reserva de valor: «Si no vendió cuando sube, menos va a vender cuando baja».
La lectura de Ágora Capital es directa: cuando el productor tiene opciones, elige. La diversificación de la cosecha argentina —trigo, maíz y girasol en niveles récord— le da al campo un margen de maniobra que no tenía hace un año, cuando había adelantado ventas hasta el 92% de la cosecha. Esa libertad de decisión, producto de incentivos de mercado y menor presión financiera, es precisamente lo que amortigua la volatilidad externa. Capital busca reglas claras, y el campo argentino, por ahora, las está encontrando en su propia diversificación.

