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Riesgo país roza los 400 puntos y Argentina prepara su primera emisión de deuda externa en 8 años

El ajuste fiscal de Milei y tres meses consecutivos de desinflación acercan al país al mercado internacional de capitales, cerrado desde 2018. El FMI y el Banco Mundial ya lo exigen como condición del programa.
Imagen ilustrativa
domingo 12 de julio de 2026

Los números mandan. El riesgo país argentino quedó al borde de perforar los 400 puntos básicos, nivel que refleja el optimismo creciente de los inversores tras una secuencia de señales concretas del equipo económico. Las acciones bancarias cotizadas en Wall Street registraron subas superiores al 8% en dólares en una sola rueda.

El ministro Luis Caputo detalló el plan financiero para el resto de 2026 y 2027, y precisó que los vencimientos de deuda del año próximo suman USD 25.000 millones. Con énfasis, aclaró que el Gobierno no necesita recurrir al financiamiento internacional para honrarlos. El mensaje fue recibido como señal de fortaleza fiscal, no de cierre de puertas.

A eso se sumó el pago de capital e intereses de Bonares por USD 4.200 millones, ejecutado a mediados de la semana. Para un país con historial de defaults reiterados, cumplir en tiempo y forma tiene valor de señal propio. Los bonos respondieron con nuevas subas.

El dato de inflación de junio, que se conocería el martes, apuntaría a ubicarse por debajo del 2% mensual por primera vez en el año. La Ciudad de Buenos Aires registró 1,8% en ese período. Con tres meses consecutivos a la baja, el proceso de desinflación retoma tracción tras diez meses de subas acumuladas desde el piso de 1,5% de mayo del año pasado.

Los países con calificación crediticia similar a la de Argentina —en la zona «B-»— promedian un riesgo país de 350 puntos. La brecha se cierra. Eso abre la puerta a lo que tanto el FMI como el Banco Mundial ya señalaron como prioridad en el acuerdo vigente y en la «fase 4» del plan monetario: recuperar el acceso al crédito internacional, ausente desde 2018.

El Gobierno avanzó con un grupo de bancos para obtener fondos frescos con garantía del Banco Mundial y el BID. El desafío mayor es emitir sin colaterales. La semana próxima se colocará un nuevo Bonar 2029 en el mercado local, con una tasa estimada por debajo del 9% anual, para captar parte de los dólares devueltos a los ahorristas. Con esa operación se agotará el cupo de financiamiento doméstico en dólares que el propio Ejecutivo se autoimpuso.

El obstáculo externo persiste: la tasa del bono del Tesoro norteamericano a diez años se mantiene por encima del 4,5% anual. Mientras no ceda, el costo total de emitir en el exterior seguirá siendo elevado.

Emitir deuda internacional resolvería dos problemas simultáneos: diversificar el financiamiento —que hoy depende de USD 1.500 millones en privatizaciones y USD 4.900 millones en compras al Banco Central— y aliviar la presión sobre las reservas, que en las últimas semanas vieron caer la compra de dólares por menor oferta estacional.

La lectura de Ágora Capital. El mercado ya votó: ocho años fuera del crédito internacional no se revierten con retórica, sino con caja, pagos cumplidos y reglas creíbles. La propuesta de modificar la Carta Orgánica del Banco Central para prohibir la emisión monetaria destinada al Tesoro —heredada del kirchnerismo de 2012— es exactamente el tipo de ancla institucional que el capital busca antes de prestar sin garantías. La compresión del riesgo país no es un accidente; es el precio que el mercado pone a la disciplina fiscal. Si la tasa estadounidense cede y el Gobierno mantiene el rumbo, Argentina podría cerrar 2026 con acceso genuino a los mercados. El costo de no lograrlo es más visible cada semana: reservas bajo presión y un calendario electoral que no espera.

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