Las reservas internacionales del Banco Central de la República Argentina alcanzaron USD 49.642 millones, impulsadas principalmente por la revaluación del precio del oro en las últimas jornadas. El incremento diario fue de USD 262 millones, aunque las compras propias del Central apenas sumaron USD 28 millones en la jornada.
El telón de fondo internacional no pudo ser más favorable. El Dow Jones y el S&P 500 marcaron máximos históricos, traccionados por la renovada apuesta inversora en inteligencia artificial y sólidos resultados de compañías tecnológicas. El petróleo cayó un 5% adicional, lo que redujo la presión sobre la Reserva Federal en materia de tasas. El rendimiento del bono del Tesoro norteamericano a diez años retrocedió a 4,62% anual, desde el 4,75% de la semana previa.
Sin embargo, los bonos soberanos argentinos en dólares tuvieron una jornada errática. El riesgo país repuntó 1,9% y cerró en 421 puntos básicos, lejos aún de perforar el umbral de 400 que el mercado sigue mirando como referencia.
La resistencia llama la atención: reservas en camino a superar los USD 50.000 millones, clima global constructivo y tasas externas en descenso son condiciones que históricamente favorecen la compresión de spreads soberanos. Que el indicador no ceda sugiere que los operadores están procesando variables domésticas que el contexto externo no puede neutralizar por sí solo.
Lo que dice el mercado
Capital busca reglas claras. Y en Argentina, el calendario electoral sigue siendo una variable de peso en la ecuación de riesgo. Los inversores institucionales no ignoran que la mejora de reservas descansa, en parte, en un activo volátil como el oro, no en acumulación genuina de divisas por superávit comercial o ingreso de capitales privados. Esa distinción importa al momento de cotizar deuda soberana.
Desde Ágora Capital, la lectura es que el gobierno de Milei ha construido un piso sólido: ajuste fiscal, desregulación y acumulación de reservas son logros medibles. Pero el mercado de bonos exige consistencia intertemporal, no solo fotografías favorables. Los 421 puntos no son un voto de desconfianza; son una señal de que el capital espera confirmar que las condiciones actuales se sostienen más allá del ciclo electoral. Perforar los 400 puntos requerirá que el flujo de reservas refleje exportaciones y capitales privados, no solo revaluaciones contables. El mercado ya votó: el trabajo no está terminado.

