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PIB de México creció 1.5% trimestral en el segundo trimestre, el mayor avance en más de cinco años

El rebote económico y un gasto público 499 mil millones por debajo del calendario mejoraron las cuentas, aunque la consolidación fiscal descansa más en el subejercicio que en ingresos sólidos.
Imagen ilustrativa
viernes 31 de julio de 2026

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó su estimación oportuna del PIB: la economía mexicana creció 1.5 por ciento trimestre contra trimestre entre abril y junio, con cifras desestacionalizadas. Es el mayor avance en más de cinco años y contrasta con la caída de 0.6 por ciento registrada en el primer trimestre. A tasa anual, el crecimiento fue de 2.1 por ciento.

El repunte fue generalizado. Las actividades primarias avanzaron 3.3 por ciento trimestral; la industria, 1.6 por ciento; y los servicios, 1.5 por ciento. El columnista Enrique Quintana advierte, sin embargo, que una parte del dato es «rebote puro» tras un primer trimestre golpeado por heladas e incertidumbre arancelaria, y que otro componente es transitorio: la Copa Mundial impulsó comercio, esparcimiento y alojamiento, efecto que se diluirá en la segunda mitad del año.

Entre los soportes más duraderos destacan: la ocupación creció en 353 mil personas, el desempleo se mantuvo en 2.7 por ciento, la masa salarial formal aumentó 4.6 por ciento real y la inflación regresó al rango del Banco de México, con 3.4 por ciento en junio. Eso le dio espacio al banco central para recortar la tasa a 6.50 por ciento en mayo antes de pausar el ciclo.

En el frente externo, las exportaciones aumentaron 12.2 por ciento trimestral. La manufactura no automotriz creció 14.3 por ciento y la automotriz vivió su mejor trimestre desde finales de 2023. La tasa arancelaria efectiva que México conserva gracias al T-MEC sigue siendo, según el análisis, su principal ventaja competitiva en un mundo que se reorganiza a golpe de aranceles.

El Informe trimestral de Finanzas Públicas de la Secretaría de Hacienda completó el cuadro. El déficit presupuestario fue de 579 mil millones de pesos, 358 mil millones por debajo de lo calendarizado. El balance primario registró un superávit de 115 mil millones cuando se esperaba un déficit de 133 mil millones. La deuda amplia (SHRFSP) quedó en 51.0 por ciento del PIB, 1.6 puntos abajo de lo previsto.

La estrella recaudatoria fue el IVA: creció 10.6 por ciento real anual, su mayor aumento para un primer semestre desde 2014, superando el programa en unos 100 mil millones de pesos. En contraste, los ingresos totales quedaron 141 mil millones por debajo del programa: el ISR cayó 6.2 por ciento real por menores pagos definitivos de empresas, y los ingresos petroleros resultaron 118 mil millones inferiores a lo previsto.

El mejor balance se explica, sobre todo, porque el gasto fue 499 mil millones inferior al calendario. La inversión física cayó 7.9 por ciento real mientras el gasto social crecía 9.7 por ciento, su mayor tasa semestral registrada. Los riesgos que señala el análisis incluyen un crudo estimado en 77.3 dólares por barril sujeto a la tregua entre Estados Unidos e Irán, la debilidad estructural del ISR y la revisión del T-MEC aún abierta.

La lectura de Ágora Capital es clara: los números del segundo trimestre son genuinamente positivos y deben leerse sin descuento. Pero la anatomía del ajuste fiscal revela una tensión de fondo: el déficit se adelgazó más por lo que el aparato estatal dejó de gastar que por lo que recaudó, y el gasto social creció a su mayor ritmo semestral mientras la inversión productiva retrocedía. Consolidar por subejercicio funciona un semestre; no es una estrategia sostenible. Capital busca reglas claras y cuentas que cuadren por la vía correcta: más base tributaria privada, no menos obra pública diferida.

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