Los petroprecios repuntaron casi 10% este lunes y la mezcla mexicana alcanzó su nivel más alto en un mes. Pemex informó que vendió el barril en 73 dólares, un avance de 9.3% frente al cierre del viernes y la mayor cotización desde el pasado 18 de junio.
El movimiento acompañó al petróleo de referencia internacional: el WTI estadounidense subió 8.7% y cerró en 78.14 dólares, mientras el Brent del Mar del Norte avanzó 9.6% hasta 83.30 dólares.
Estrategos de Banorte atribuyeron el repunte al nuevo escalamiento de tensiones en Medio Oriente. El presidente Donald Trump anunció que retomará el bloqueo del tráfico en puertos iraníes a partir de este martes, lo que amplificó la incertidumbre sobre el suministro global de crudo.
El mismo choque geopolítico que benefició al precio del hidrocarburo castigó a los mercados de renta variable. El principal indicador de la Bolsa Mexicana de Valores cayó 0.8% y cerró en 65,973 puntos, su peor nivel desde el 10 de junio. En Wall Street, el Nasdaq retrocedió 1.6%, el S&P 500 perdió 0.8% y el Dow Jones cedió 0.3%. Banorte advirtió que las preocupaciones se concentran en el mercado energético y sus efectos sobre la inflación.
El dólar se apreció frente a casi todas las divisas. El peso mexicano se depreció 0.4% y finalizó en 17.53 pesos por dólar al mayoreo; al menudeo, Banamex lo vendió en 17.95 pesos, mismo precio del viernes.
En el acumulado del año, el precio promedio de la mezcla mexicana se ubica en 79.59 dólares, por encima de los 77.30 dólares que la Secretaría de Hacienda proyectó para 2026 al presentar los Precriterios Generales de Política Económica 2027 en abril. El economista en jefe de Actinver, Enrique Covarrubias, señaló que los mercados arrancaron la semana «con mayor dosis de cautela». Para hoy, la atención del mercado se centrará en el dato de inflación de Estados Unidos, la comparecencia del presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, y los reportes financieros de ASML, BlackRock, Morgan Stanley y Johnson & Johnson.
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El rebote del crudo es una bocanada de aire para las finanzas de Pemex, empresa que arrastra una deuda estructural que el aparato estatal mexicano no ha logrado resolver. Que el precio promedio anual supere ya la estimación oficial de Hacienda ofrece un margen fiscal que el gobierno de Claudia Sheinbaum necesita con urgencia, pero que difícilmente sustituye reformas de fondo en productividad y apertura del sector energético. Capital busca reglas claras: mientras la política energética siga apostando por el monopolio estatal, el viento de cola del precio no construirá valor duradero.

