El peso mexicano registra una leve depreciación en la última sesión de julio de 2026. Según datos de Bloomberg citados por El Financiero, el tipo de cambio se ubica en 17.34 pesos por dólar, apenas un centavo por encima del cierre del 30 de julio.
El movimiento llega después de que la Reserva Federal descartara un alza de tasas en septiembre, declaración que presionó al dólar a la baja en los mercados internacionales. Sin embargo, el peso no logró traducir ese viento a favor en una apreciación real.
Felipe Mendoza, analista de mercados de EBC Financial Group, señaló que «el tipo de cambio continuará sensible a la evolución de los riesgos geopolíticos globales y los balances corporativos que por ahora han dejado un tono positivo en los índices estadounidenses». Mendoza también destacó la entrada de dólares por remesas y exportaciones, así como el «quiebre técnico por debajo del nivel psicológico de los 17.50 pesos» como factores que otorgan al peso un «sesgo de estabilidad a corto plazo».
En ventanilla bancaria, Banamex vende el dólar a 17.81 pesos y lo compra a 16.81 unidades.
En el mercado de deuda, el bono del Tesoro estadounidense a 10 años rinde 4.37%, mientras que el equivalente mexicano se mantiene en 8.91%, un diferencial de 454 puntos base que refleja la prima de riesgo que los mercados siguen exigiendo a México.
Entre las divisas con mejor desempeño frente al dólar en la jornada destacan el dólar taiwanés (+0.50%), la rupia indonesia (+0.47%), la rupia india (+0.30%), el peso argentino (+0.17%) y el rublo ruso (+0.13%).
En Wall Street, el sector tecnológico experimenta volatilidad intensa pese a la demanda sostenida de todo lo relacionado con inteligencia artificial; las expectativas elevadas no dejan margen para la decepción, según la misma fuente.
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Los números de julio cierran con una narrativa conocida: el peso sobrevive, pero no prospera. Un diferencial de tasas de más de 450 puntos base debería atraer flujos; que la divisa apenas se mantenga plana dice más sobre el clima de incertidumbre regulatoria y de seguridad jurídica en México que sobre la política monetaria de la Fed. Capital busca reglas claras, y mientras el aparato estatal no ofrezca certidumbre al inversor, el tipo de cambio seguirá operando con un piso frágil, sostenido por remesas y exportaciones, no por confianza estructural.

