Los mercados globales arrancaron agosto con apetito por riesgo. El detonante fue la confirmación de Irán de que continúan las negociaciones para permitir un mayor tránsito de buques petroleros por el Estrecho de Ormuz, canal por el que fluye una porción crítica del crudo mundial.
El Nasdaq lideró las alzas en Wall Street con un avance de 1.93%, hasta los 25,864 puntos. El S&P 500 ganó 1.25%, a 7,583 unidades, y el Dow Jones subió 1.01%, a 53,017 puntos. Analistas de Bx+ señalaron que «el mayor catalizador para la jornada serán las noticias favorables en el frente geopolítico», y destacaron que la temporada de reportes corporativos «ayudó a calmar los temores sobre las altas valuaciones en el sector tecnológico».
Europa también operó mayoritariamente en verde. El DAX alemán avanzó 1.69%, a 26,063.64 puntos; el CAC 40 francés sumó 1.41%, a 8,629.62 unidades; el IBEX 35 español ganó 0.87%, a 19,956 enteros. La excepción fue el FTSE 100 de Londres, que retrocedió 0.21%, a 10,844.99 puntos.
México, al margen del rebote. El Índice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores cayó 0.53%, a 66,582 unidades. El FTSE-BIVA acompañó la caída con idéntico retroceso, a 1,346.99 puntos. La plaza local no encontró soporte en el optimismo externo, una señal que el mercado ya ha repetido en varias jornadas recientes.
El petróleo, el gran perdedor del día. La distensión en Ormuz tiene un efecto directo sobre los precios del crudo: menor prima de riesgo geopolítico equivale a menor precio. El West Texas Intermediate (WTI) se desplomó 5.06%, hasta 79.61 dólares por barril. El Brent retrocedió 4.26%, a 83.67 dólares. Para una economía como la mexicana, cuya renta petrolera sostiene una fracción relevante del gasto público, la caída sostenida del crudo no es una nota al margen: es presión directa sobre las finanzas del Estado.
Desde la perspectiva de Ágora Capital, la jornada ilustra una tensión que México no puede ignorar. Mientras el capital fluye hacia activos de riesgo en mercados con reglas claras y expectativas de crecimiento, la BMV opera en sentido contrario. La libre empresa prospera cuando el entorno regulatorio y de seguridad jurídica atrae flujos; cuando esos flujos se desvían, el costo lo paga el ahorrante local. El petróleo barato, además, reduce el margen de maniobra fiscal de un gobierno que ya enfrenta presiones de gasto. Capital busca reglas claras, y hoy el mercado votó con los pies.

