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Mezcla mexicana sube 1.6% y roza los 79 dólares en su mejor nivel desde junio

Pemex vendió el barril en 78.92 dólares este lunes, su cotización más alta en más de un mes, arrastrada por el alza del WTI y la tensión geopolítica en Medio Oriente.
Imagen ilustrativa
martes 21 de julio de 2026

Pemex informó que vendió el barril de crudo en 78.92 dólares el lunes, un avance de 1.6% frente al viernes y la segunda jornada consecutiva de ganancias. La mezcla mexicana de exportación alcanzó así su mayor cotización desde el 12 de junio, cuando superó los 80 dólares.

El repunte del crudo nacional siguió de cerca al petróleo estadounidense WTI, que cerró en 83.23 dólares con un alza de 0.9%, y al Brent del Mar del Norte, que terminó en 89.22 dólares, un incremento de 1.3% respecto al viernes.

La jornada no fue lineal. Las referencias del petróleo oscilaron entre ganancias y pérdidas ante los temores de un mayor escalamiento en el conflicto en Medio Oriente, luego de los ataques entre Estados Unidos e Irán en los últimos días y la preocupación por el tránsito a través del Estrecho de Ormuz. «La volatilidad geopolítica y energética continúa condicionando el apetito por riesgo», señaló Enrique Covarrubias, economista en jefe de Actinver.

Para Pemex, la mejora en el precio de venta llega en un contexto en que cada dólar adicional por barril importa. La empresa estatal arrastra una carga financiera estructural que depende, en buena medida, de los ingresos por exportación de crudo. Un precio sostenido cerca de los 79 dólares mejora el flujo de caja operativo, aunque no resuelve los desequilibrios de fondo que la burocracia y la política energética del gobierno han acumulado durante años.

Desde Ágora Capital, el dato merece una lectura doble. Por un lado, el mercado premia la tensión geopolítica con mayor precio: el riesgo se traslada a la cotización y, transitoriamente, beneficia a un exportador como México. Por otro, esa misma volatilidad es exactamente el tipo de entorno que castiga a las economías con marcos regulatorios débiles y empresas estatales sobredimensionadas. Capital busca reglas claras; cuando el precio sube por miedo y no por productividad, la ventana puede cerrarse tan rápido como se abrió. Los números de hoy son buenos. La pregunta es si Pemex —y la política energética que la sostiene— están en condiciones de aprovecharlos.

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