El precio de la mezcla mexicana de petróleo cerró el miércoles 15 de julio en 75,8 dólares por barril, según los datos publicados por Petróleos Mexicanos (Pemex) en su portal oficial. El valor es un estimado calculado con las fórmulas de precio por región geográfica y los cierres diarios de las cotizaciones correspondientes.
La producción de crudo en México se distribuye en tres tipos según su densidad. El 54% corresponde a crudo pesado (Maya), el 33% a ligero (Istmo) y el 12% restante a superligero (Olmeca), de acuerdo con los indicadores de la empresa.
La mezcla Maya es la de mayor exportación y se utiliza como sustituta de las otras dos variedades. Por su condición de crudo pesado, ofrece menor rendimiento en gasolinas y diésel, pero es la principal fuente de energía para uso doméstico. El Istmo, en cambio, permite mayor rendimiento en gasolinas y destilados intermedios. La variedad Olmeca, clasificada como extra ligera, resulta útil para la producción de lubricantes y petroquímicos.
En cuanto a volúmenes, cifras de la Asociación de Bancos de México (ABM) indican que Pemex exportó en 2020 un promedio de 140 mil barriles diarios de crudo ligero. Ese mismo año, la producción total se ubicó en 1 millón 705 mil barriles diarios en promedio anual, superando en cuatro mil barriles diarios el registro de 2019 y rompiendo una racha de 15 años de caída productiva.
La participación privada en la producción nacional sigue siendo marginal: las empresas privadas aportaron apenas el 1,2% del total en 2020, frente al 98,8% de Pemex. Parte del repunte productivo se atribuyó a la incorporación de 146,5 mil barriles diarios provenientes de campos nuevos que iniciaron desarrollo en el primer semestre de 2019.
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Desde la perspectiva de Ágora Capital, el dato del precio es una señal de mercado relevante para los ingresos fiscales mexicanos, dado que el petróleo sigue siendo una fuente crítica de financiamiento del gasto público. Sin embargo, la concentración del 98,8% de la producción en manos de una sola empresa estatal es, en sí misma, un riesgo estructural: cuando Pemex tropieza —por deuda, por inversión insuficiente o por decisiones políticas—, no hay competencia privada que amortigüe el golpe al erario.
El libre mercado en el sector energético mexicano sigue siendo, en la práctica, una promesa incumplida. Capital busca reglas claras y apertura real; mientras la participación privada no supere el 1,2%, el sector seguirá dependiendo de la salud financiera de una petrolera que acumula pasivos y decisiones administrativas alejadas de la lógica del retorno.

