La mezcla mexicana de petróleo cerró este jueves 30 de julio a 79,6 dólares por barril, según la actualización diaria publicada en el portal oficial de Petróleos Mexicanos (Pemex). El precio es un estimado calculado con fórmulas por región geográfica y cotizaciones de cierre, y se ofrece exclusivamente con fines informativos.
La mezcla mexicana combina tres variedades de crudo clasificadas por densidad API. El 54% de la producción corresponde al crudo pesado Maya, el 33% al ligero Istmo y el 12% restante al superligero Olmeca. El Maya es el de mayor exportación y se utiliza como sustituto de las otras dos variedades; su condición de crudo pesado lo hace menos eficiente para gasolinas y diésel, pero es la principal fuente energética para uso doméstico. El Istmo, por su ligereza, rinde más en gasolinas y destilados intermedios, mientras que el Olmeca se orienta a lubricantes y petroquímicos.
En materia de producción, cifras de la Asociación de Bancos de México (ABM) indican que en 2020 Pemex exportó un promedio de 140 mil barriles diarios de crudo ligero, sobre una producción total de 1 millón 705 mil barriles diarios promedio anual. Ese volumen superó en 4 mil barriles diarios el promedio de 2019, rompiendo una racha de 15 años de caída productiva. El incremento se atribuyó en parte a la incorporación de 146,5 mil barriles diarios provenientes de campos nuevos que iniciaron desarrollo en el primer semestre de 2019.
El dato que más pesa en el análisis estructural es la concentración: Pemex aportó el 98,8% de la producción total de crudo en 2020, mientras que las empresas privadas representaron apenas el 1,2% restante.
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Los números son elocuentes. Una industria donde el aparato estatal controla prácticamente la totalidad de la producción no es un mercado; es un monopolio sostenido por decreto. La reforma energética que abrió el sector a la inversión privada fue desmantelada por el gobierno anterior, y los resultados de esa reversión se miden en participación privada residual, deuda acumulada de Pemex y capacidad de refinación que no alcanza para abastecer la demanda interna.
Con la mezcla mexicana cotizando a 79,6 dólares, el flujo de ingresos existe. La pregunta que el mercado lleva años formulando sin respuesta es cuánto de ese flujo se destina a inversión productiva y cuánto financia una burocracia que, por diseño, excluye al capital privado. Mientras el 1,2% de participación privada no se mueva, la respuesta se escribe sola.

