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Empresarios argentinos advierten: presión fiscal del 56% frena la competitividad

En el Congreso del IAEF, dirigentes de la UIA y la CAC coincidieron en que el cambio de modelo económico exige adaptación empresarial. También reclamaron menos impuestos y más crédito privado.
Imagen ilustrativa
sábado 5 de septiembre de 2026

“Si no nos adaptamos, vamos a desaparecer”. La frase es de Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC). La dijo ante un auditorio repleto de empresarios en el 43° Congreso Anual del IAEF, en Puerto Iguazú.

El debate central fue el cambio de modelo económico argentino. Inflación más baja, nuevos hábitos de consumo y más competencia externa reconfiguran el mapa sectorial. Energía, minería, agro y economía del conocimiento emergen como ganadores. Industria, construcción y comercio buscan adaptarse.

Martín Rappallini, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), puso el número sobre la mesa: “Si tenemos una presión fiscal del 56%, es muy difícil competir en el mundo”. Según Rappallini, el problema no es solo textil o calzado. También afecta a la pera, el vino y el mueble, sectores con conocimiento acumulado que corren riesgo de desaparecer.

Grinman matizó el diagnóstico. “No estamos en una situación de crisis”, afirmó. Se mostró confiado en el rumbo macroeconómico de los últimos tres años. Sobre el Presidente, dijo que es “agresivo en su oratoria”, pero que hace “las cosas que se tienen que hacer”.

Fabián Lombardo, presidente y CEO de Aerolíneas Argentinas, aportó un dato concreto. “En 2025, por primera vez la compañía le devolvió plata al Estado por el impuesto a las Ganancias”, dijo. El público lo aplaudió. Lombardo también admitió que la flota necesita modernización, pero defendió la prioridad de mostrar rentabilidad antes de invertir.

El crédito privado fue otro eje. El vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning, señaló las altas tasas que pagan las familias argentinas. Diego Rivas, CEO de Banco Galicia, profundizó el punto. “Cerca del 40% del costo está vinculado a impuestos nacionales, pero sobre todo provinciales y municipales”, explicó. Según Rivas, Ingresos Brutos es la carga más alta. El sistema financiero, dijo, es el canal entre ahorro e inversión. Un costo impositivo elevado vuelve ineficiente ese canal.

Entre los pasillos, la conversación giró hacia 2027. Empresarios temen el regreso del “péndulo” político, es decir, una oposición que revierta el rumbo actual. Un ejecutivo, que pidió no ser identificado, resumió el sentimiento: la transformación productiva “va a seguir venga quien venga”.

Los números primero. Una presión fiscal del 56% no es un detalle técnico. Es la diferencia entre competir en el mundo o desaparecer, según el propio sector productivo. Cuando el costo impositivo de una tasa de crédito llega al 40%, el ahorro no llega a la inversión. Se queda en el camino, absorbido por el Estado nacional, provincial y municipal.

El caso de Aerolíneas Argentinas ilustra el punto de fondo. Una empresa estatal que empieza a devolver Ganancias en lugar de pedir subsidios es la prueba de que la disciplina fiscal, aplicada también dentro del Estado, cambia incentivos. El mercado ya votó por la estabilidad. Ahora reclama que la carga tributaria acompañe ese rumbo.

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