El Brent para entrega en septiembre subió un 3,75%, a USD 78,86, y el West Texas Intermediate (WTI) para entrega en agosto escaló un 3,65%, hasta USD 74,02, tras la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán el fin de semana. El movimiento borró en horas las ganancias de la distensión: apenas el 2 de julio, el Brent había tocado USD 70,38, su piso en tres meses, sobre la expectativa de un acuerdo duradero.
El presidente Donald Trump confirmó en su red Truth Social que el alto el fuego «ha terminado», aunque precisó que Washington accedió a continuar conversaciones diplomáticas a pedido de Teherán. El Comando Central de EE.UU. (Centcom) informó que la ofensiva del domingo buscó degradar la capacidad iraní de atacar buques comerciales en el estrecho, y que aviones estadounidenses derribaron un misil de crucero iraní y un dron de ataque. La agencia estatal iraní reportó explosiones en Bandar Abbas, Sirik, Jask y Qeshm. Según un funcionario citado por el Financial Times, la jornada incluyó una segunda tanda de bombardeos tras atacar sistemas de misiles y de defensa aérea iraníes, además de embarcaciones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC). Las dos ofensivas del domingo siguieron a acciones del sábado en las que Washington afirmó haber golpeado cerca de 140 objetivos.
Pese a la intensidad del conflicto, Centcom descartó el bloqueo efectivo: «Irán no controla el estrecho. El tráfico está fluyendo», señaló el organismo. Trump fue más directo ante NBC: «El estrecho está abierto. Anoche los bombardeamos hasta el cansancio».
El dato estructural es conocido pero nunca pierde peso: por el estrecho de Ormuz transita aproximadamente el 20% del comercio mundial de crudo y gas natural licuado. La mera amenaza de cierre basta para mover los mercados de forma inmediata. Durante la etapa más intensa de las hostilidades previas, el Brent llegó a promediar cerca de USD 120 por barril, un 70% por encima de los valores anteriores al inicio de la crisis. La CEPAL estimó que el precio promedio del petróleo durante 2026 podría ubicarse entre un 20% y un 25% por encima del registrado en 2025, con efectos en fertilizantes —la urea subió un 82%, según el organismo— y en combustibles para hogares y empresas.
Para Argentina, la aritmética apunta en dirección contraria a la del resto de la región. La balanza energética del país cerró el primer semestre de 2026 con un superávit de USD 6.987 millones, el mayor registrado en la historia para ese período, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). El número casi duplica el resultado del mismo semestre de 2025, cuando el saldo positivo fue de USD 3.736 millones, con un salto interanual del 87%. Las exportaciones de combustibles y energía alcanzaron más de USD 8.118 millones en la primera mitad del año, un crecimiento del 52% frente a los USD 5.345 millones del período anterior. La energía representó más del 15% del total exportado por Argentina en lo que va del año, una participación máxima en dos décadas. En mayo, el país alcanzó un récord histórico de 903.700 barriles diarios de producción de petróleo, con el 69% proveniente de Vaca Muerta. Las importaciones energéticas, por su parte, cayeron un 29% en dólares, con niveles mínimos desde 2007.
La lección que el mercado repasa cada vez que Ormuz aparece en los titulares es siempre la misma: la seguridad energética no se improvisa. Los países que apostaron por producción propia, desregulación y libre empresa —Argentina con Vaca Muerta como caso emblemático— encajan los shocks externos como ingresos adicionales. Los que eligieron dependencia importadora y subsidios al consumo los encajan como facturas. El capital toma nota, y los flujos se mueven en consecuencia.

