Los números no mienten. Una hora antes del inicio del partido frente a Egipto, la demanda eléctrica argentina marcaba 22.534 megavatios (MW). Quince minutos antes del pitazo inicial ya había descendido a 21.702 MW. Durante el primer tiempo cayó hasta un mínimo de 20.047 MW; en el entretiempo rebotó hasta los 20.619 MW y volvió a bajar en el segundo tiempo hasta los 18.778 MW, un nivel más propio de la madrugada que de un mediodía hábil. Una hora después del pitazo final, la demanda se había recuperado hasta los 19.815 MW.
La diferencia entre el punto de partida y el piso del segundo tiempo fue de 3.756 MW, pero el recorrido no fue una caída lineal: la curva trazó la característica forma de «W» que los operadores del Sistema Argentino de Interconexión (SADI) ya conocen de memoria. Según el análisis del ingeniero electricista y docente de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) José Stella, durante el encuentro la demanda llegó a ubicarse más de 2.000 MW por debajo de la tendencia prevista para ese momento del día.
«Hay una disminución de la actividad económica y es independiente del horario y del día en que se juegue. Es un fenómeno que se da en los grandes eventos», explicó Stella a La Nación. El docente también hizo referencia al llamado «TV pickup» británico: el rebote de consumo que se produce en el entretiempo cuando millones de personas se levantan casi en simultáneo para preparar un mate, abrir la heladera o encender la cocina.
Cammesa, la empresa pública que administra el mercado eléctrico, operó en condición de alerta desde una hora antes del inicio hasta más de una hora después del final. Se suspendieron mantenimientos programados, se mantuvieron reservas adicionales de generación y, antes de que terminara cada tiempo, los operadores elevaron transitoriamente la frecuencia de referencia a 50,10 Hz para anticiparse a los cambios bruscos de demanda. La operación, según la compañía, se desarrolló con total normalidad.
El partido tuvo además una particularidad energética: disputado a las 13 horas con buenas condiciones de radiación solar, fue el encuentro de la Selección con mayor participación de energías renovables en la cobertura de la demanda durante este Mundial, según Cammesa. Cerca del 25% de la electricidad provino de fuentes eólicas, solares, bioenergéticas e hidráulicas de pequeña escala, con un aporte fotovoltaico que alcanzó unos 1.840 MW.
En el plano financiero, el informe de Mercado Pago titulado «Un país en pausa: cómo se mueve el dinero cuando juega la celeste y blanca» detalló que los pagos en comercios llegaron a caer hasta un 80% respecto de un momento habitual durante el partido. Las calles de la Ciudad de Buenos Aires prácticamente se vaciaron.
Cammesa comenzó a documentar este fenómeno de forma sistemática durante el Mundial de Qatar 2022. Desde entonces elabora un informe operativo tras cada partido para analizar cómo el seguimiento masivo modifica la demanda y qué medidas deben adoptarse para garantizar la estabilidad del sistema.
Lo que estos datos revelan va más allá de la curiosidad estadística. Cada partido de la Selección es, en la práctica, un experimento involuntario de coordinación masiva: millones de decisiones individuales —apagar la pantalla de la oficina, cerrar el local, dejar el colectivo vacío— se sincronizan en segundos y producen un shock medible en la infraestructura crítica del país. Que el sistema soporte ese shock sin cortes habla de una operación técnica competente. Que el shock exista, en cambio, recuerda que el fútbol sigue siendo el único fenómeno capaz de suspender, aunque sea por 90 minutos, las reglas habituales del mercado.

