El euro cerró la última rueda en 14,31 bolivianos, un incremento del 5,13% frente al cierre previo de 13,62 bolivianos, según datos de Dow Jones recogidos por Infobae. En la última semana el avance fue de 7,69% y la variación interanual llega a un 83,95%.
La volatilidad actual se ubica en 32,87%, por debajo de la referencia histórica de 41,04%, lo que el reporte describe como una fase de relativa estabilidad dentro de una tendencia alcista sostenida en los últimos tres días.
El contraste con comienzos de año es marcado. El mercado paralelo mostró cotizaciones cercanas a Bs 9,64 a inicios de 2026, en un momento en que las expectativas se apoyaban en reformas cambiarias anunciadas y en un financiamiento externo del BID de 4.500 millones de dólares para el periodo 2026-2028.
El Gobierno boliviano busca reducir el déficit fiscal al 7% este año, mientras proyecta una inflación de hasta 17%. El FMI había advertido que ese indicador podría superar el 15% si no se controla la emisión monetaria, y el organismo optó por no entregar estimaciones precisas de largo plazo dada la incertidumbre.
El panorama de crecimiento tampoco despeja dudas. El Banco Mundial anticipa una recesión de -1,1% en el PIB boliviano para 2026, mientras la CEPAL proyecta un crecimiento marginal de apenas 0,5%.
En paralelo corre el proceso de unificación cambiaria previsto para el primer semestre, que incluye la liberación gradual de dólares en el sistema financiero y la publicación diaria de valores referenciales por parte del Banco Central de Bolivia. Esos valores se ubican recientemente alrededor de Bs 9,21 para la compra y Bs 9,40 para la venta, muy lejos del tipo de cambio oficial de Bs 6,96, que según el reporte es «cada vez menos relevante» en las operaciones comerciales.
El país afronta así una transición estructural tras la fuerte volatilidad de 2025, en un contexto de contracción económica que combina déficit fiscal, presión inflacionaria y un tipo de cambio oficial que el propio mercado ha dejado de reconocer.
Los números primero: cuando un Banco Central sostiene un valor oficial que nadie usa mientras el mercado paralelo triplica esa cifra, la distorsión no es coyuntural, es la consecuencia directa de años de control cambiario y emisión para financiar el gasto público. El FMI lo dice sin rodeos: sin disciplina monetaria, la inflación se dispara.
La apuesta boliviana por «liberar gradualmente» dólares y publicar valores referenciales es, en el fondo, un reconocimiento tardío de que el precio lo fija el mercado, no el decreto. El costo de esa demora lo paga el ahorrista y el consumidor, mientras el crédito externo del BID llega para tapar, no para resolver, el desequilibrio fiscal de origen.

