El dólar cerró este miércoles en $3.099,47 en el mercado colombiano, ubicándose $17 por debajo de la Tasa Representativa del Mercado (TRM), fijada en $3.116,47. Durante la jornada tocó un mínimo de $3.093,21 y un máximo de $3.106,60. Se registraron 1.985 transacciones por un volumen total de US$1.233 millones.
El índice Bloomberg del dólar cedía 0,2% en los mercados internacionales, mientras el yen avanzaba 0,5% hasta situarse alrededor de 153,25 unidades por dólar.
El telón de fondo es geopolítico. La escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán mantiene en alerta a los mercados por su posible impacto sobre los precios de la energía y la inflación mundial. El Brent volvió a superar los US$100 por barril, nivel que presiona los costos de producción y el poder adquisitivo en economías importadoras de crudo.
En el mercado de renta fija, la tasa del bono del Tesoro estadounidense a dos años llegó a 4,42%, según consigna la fuente, en un contexto en que los inversionistas siguen atentos a las próximas colocaciones de deuda del Gobierno de Estados Unidos. El repunte de estos rendimientos refleja la preocupación por una inflación que podría reactivarse si los precios de la energía se consolidan al alza.
En Colombia, la jornada del martes registró baja volatilidad. La tasa de cambio se ubicó por debajo del promedio de los últimos 20 días, condición que activa el mecanismo mediante el cual el Banco de la República puede comprar dólares a través de opciones put destinadas a la acumulación de reservas internacionales.
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Los números de esta jornada ilustran una dinámica que el libre mercado conoce bien: cuando la geopolítica eleva el riesgo energético, el capital busca refugio y los bancos centrales quedan atrapados entre controlar la inflación y sostener el crecimiento. Para Colombia, un peso relativamente firme frente al dólar es una señal de estabilidad cambiaria a corto plazo, pero el Brent por encima de US$100 encarecer los insumos importados y presiona la inflación doméstica.
El verdadero riesgo no está en el tipo de cambio de hoy, sino en la política energética de mañana. Un entorno de precios altos del petróleo debería ser un argumento para ampliar la oferta y diversificar fuentes, no para restringirla con regulación. Capital busca reglas claras, y la incertidumbre en Medio Oriente recuerda cuánto cuesta depender de decisiones que se toman a miles de kilómetros.

