El dólar estadounidense abrió este miércoles en Colombia en $3.192, perforando la barrera de los $3.200 y registrando una caída de $12,51 frente a la Tasa Representativa del Mercado (TRM), fijada en $3.204,51.
El movimiento se inscribe en un entorno internacional más favorable para las monedas emergentes. Rodrigo Lama, Chief Business Officer de la fintech Global66, atribuye el giro a tres factores simultáneos: una inflación subyacente (PCE) más moderada en Estados Unidos, un crecimiento económico estadounidense inferior al esperado y una reunión de la Reserva Federal (Fed) sin señales de nuevos incrementos de tasas.
«El peso colombiano sigue consolidando su tendencia estructural de apreciación, sostenida por un diferencial de tasas atractivo con la región y un petróleo que, si bien se mantiene elevado, no ha logrado revertir los flujos que favorecen al COP», señaló Lama.
El CME FedWatch ya refleja ese cambio de expectativas: disminuyeron las probabilidades de un alza en septiembre y, para diciembre, el mercado descuenta una probabilidad de 40,8% de recortes de tasas, según el análisis de Global66.
El viernes manda. El reporte de nóminas no agrícolas (NFP) de Estados Unidos será el catalizador inmediato. Si las cifras laborales decepcionan, la tasa de desempleo sube y el petróleo permanece por debajo de USD 82, el dólar en Colombia podría profundizar su caída hasta un rango entre $3.080 y $3.120, estima Lama. En el escenario contrario —mercado laboral sólido y petróleo por encima de USD 87 por reactivación del conflicto en Medio Oriente— la divisa podría recuperar terreno y ubicarse entre $3.200 y $3.250.
El analista advirtió además que las remesas, un flujo relevante para el mercado cambiario colombiano, cayeron 4,2% en junio, su primera contracción tras casi tres años de crecimiento consecutivo.
Global66 estima un rango de operación entre $3.080 y $3.220 en el corto plazo, con sesgo bajista mientras el diferencial de tasas y los flujos de inversión continúen favoreciendo al peso. La liquidez global y la geopolítica en Medio Oriente —cuyo cese al fuego Lama califica de «frágil»— seguirán siendo variables de riesgo determinantes.
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Para Ágora Capital, la fortaleza del peso es una señal de mercado que merece lectura fría: capital busca reglas claras y diferenciales de retorno, no discursos. Que los flujos favorezcan al COP en este entorno dice más sobre la política monetaria de la Fed que sobre la solidez del modelo productivo colombiano. El riesgo real no está en el tipo de cambio de hoy, sino en si la inversión extranjera que sostiene esos flujos encontrará, mañana, un marco jurídico y un clima de negocios que justifiquen quedarse.

