El barril de petróleo Brent alcanzó este martes los 85,66 dólares, un 2,8% por encima del cierre del lunes y su nivel más alto en un mes. El West Texas Intermediate (WTI) avanzó un 1,8% hasta los 80,40 dólares, máximo desde el 15 de junio.
El detonante es directo: la escalada de ataques entre Estados Unidos e Irán y las amenazas cruzadas de bloquear el estrecho de Ormuz. A principios de julio el Brent cotizaba en torno a los 70 dólares y el WTI cerca de los 67 dólares. En menos de dos semanas, ambos contratos de referencia acumulan un rebote de entre 13 y 22 dólares por barril.
Esta madrugada la Guardia Revolucionaria de Irán reivindicó ataques contra la base naval estadounidense de Jufair en Bahréin —sede de las fuerzas navales del Comando Central del Ejército y de la Quinta Flota de Estados Unidos— y contra posiciones estadounidenses en Jordania. La acción iraní se produjo como respuesta a los últimos ataques lanzados por Washington contra zonas costeras y enclaves militares estratégicos en el sur de Irán.
El estrecho de Ormuz es el cuello de botella por el que transita una porción crítica del crudo mundial. Cualquier interrupción, incluso parcial, en ese corredor marítimo se traduce de forma casi inmediata en prima de riesgo geopolítico sobre el precio del barril.
Lo que el mercado ya descontó —y lo que no
El movimiento del crudo no es ruido: es señal. Los mercados de futuros están poniendo precio a un escenario de suministro restringido que, de materializarse, presionaría al alza los costos de energía globales. Para las economías importadoras de petróleo —la mayoría de América Latina incluida— un Brent sostenido por encima de los 85 dólares equivale a mayor factura energética, presión sobre el tipo de cambio y combustible adicional para la inflación.
Desde la línea editorial de Ágora Capital, la lectura es clara: la inestabilidad en el Golfo Pérsico es el recordatorio más caro de lo que ocurre cuando la disuasión falla. La política exterior de fuerza que ha caracterizado a la administración Trump frente a Teherán tiene costos en el corto plazo —los que hoy pagan los consumidores en la bomba de gasolina— pero también una lógica: un Irán que perciba consecuencias reales tiene menos incentivos para escalar. El mercado, por ahora, cotiza la incertidumbre. Capital busca reglas claras, y en el Golfo Pérsico esas reglas se están reescribiendo con misiles.

