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Dólar en $3.050 borra el margen de los floricultores antioqueños: «estamos haciendo despidos masivos»

La revaluación del peso, que pasó de $3.700 en enero a cerca de $3.050 en septiembre, deja a un sector que exporta en dólares y produce en pesos al borde del cierre.
Imagen ilustrativa
viernes 4 de septiembre de 2026

Los números primero. Según Hernán Restrepo, productor y comercializador de flores en el oriente antioqueño, la Tasa Representativa del Mercado (TRM) pasó de un rango de $3.700 a $3.750 en enero de este año a cerca de $3.050 en septiembre. El cálculo del productor es directo: una pérdida cercana a $700 por cada dólar vendido frente a los niveles de comienzos de año.

El golpe no viene solo. Mientras el precio del dólar cae, los costos de mano de obra e insumos —que se pagan en pesos— siguen subiendo. La combinación reduce el margen de las empresas exportadoras justo en el momento en que menos pueden absorberlo. «Estamos en el punto definitivo de si vamos a cerrar o vamos a continuar», dijo Restrepo, quien pidió al Gobierno Nacional una mesa de trabajo con el sector.

La magnitud del empleo en juego no es menor. De acuerdo con Restrepo, la floricultura genera alrededor de 54.000 empleos directos e indirectos en el oriente antioqueño, con efectos que se extienden a restaurantes, panaderías, peluquerías y otros negocios que dependen del movimiento económico del sector. A escala nacional, Luz Ángela Zapata, representante de Magic Flowers y del gremio floricultor, señaló que la actividad genera más de 200.000 empleos directos. Su diagnóstico es más crudo: «Estamos haciendo despidos masivos».

Zapata explicó que el impacto alcanza también a transportistas, agencias de aduanas y proveedores de insumos agropecuarios, toda una cadena que depende de la capacidad financiera de las floricultoras. A la presión cambiaria se suma, según la dirigente gremial, una ola de calor que está generando pérdidas adicionales en los cultivos.

Edwin Quintero, productor de hortensias, resumió el problema estructural del sector: el producto se vende en dólares, pero los costos de producción se generan en buena medida en pesos. Cuando la moneda estadounidense cae, los ingresos se contraen sin que los gastos lo hagan en la misma proporción.

Analistas de Davivienda Corredores han advertido que la tendencia bajista del dólar puede generar desequilibrios en la balanza comercial por el crecimiento de las importaciones, con efectos sobre la economía en el mediano y largo plazo. El caso floricultor antioqueño es la traducción concreta de esa advertencia macro en nóminas y cultivos reales.

Llama la atención que el propio gremio no pida subsidios, sino herramientas que permitan a las empresas sostener el empleo frente a la volatilidad cambiaria. Es una petición de reglas claras, no de asistencialismo: capital busca previsibilidad, no transferencias permanentes del contribuyente.

El episodio expone una tensión que el discurso oficial suele minimizar: una moneda fuerte no es gratis para quien exporta y compite con costos internos en ascenso. Cuando el mercado envía esa señal —vía tasa de cambio— y el Estado no facilita condiciones de productividad, el resultado no es abstracto: son 200.000 empleos y decenas de miles de familias en el oriente antioqueño sosteniendo el peso del ajuste mientras esperan que alguien en Bogotá les preste atención.

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