El peso colombiano se apreció este jueves 30 de julio en las primeras horas de negociación. El dólar abrió en 3.186 pesos, se movió entre un mínimo de 3.178 y un máximo de 3.188, y promedió 3.181 pesos, lo que representa una caída de 25 pesos frente a la TRM vigente de 3.206,18.
Tres factores explican el movimiento, según un informe del Banco de Bogotá.
Petróleo y tensión en Medio Oriente. El crudo Brent superó los 91 dólares por barril el miércoles 29 de julio, con un repunte intradía de casi el 7 %. El detonante: el presidente Donald Trump declaró que Irán sería atacado fuertemente tras la agresión del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, que el martes 28 de julio atacó con misiles balísticos una base aérea y un centro de mando de Estados Unidos en Jordania. Medios iraníes reportaron posteriormente ataques de Estados Unidos contra Irán.
Fed dividida. La Reserva Federal mantuvo sus tasas estables, pero la decisión no fue unánime: nueve miembros votaron por la estabilidad y tres por un aumento. Esa señal de disenso interno depreció al dólar estadounidense un 0,5 % frente a sus pares del G7.
Banco de la República en la mira. En el ámbito local, el mercado espera la decisión de la junta directiva del Banco de la República. El consenso de analistas anticipa un alza de 50 puntos básicos, aunque las proyecciones oscilan entre mantener la tasa estable y elevarla hasta 75 puntos básicos. Según el Banco de Bogotá, un escenario de estabilidad «jugaría en contra del peso colombiano», mientras que el aumento previsto «mantendría el atractivo del país por su rentabilidad elevada frente a otros comparables».
En América Latina, los movimientos fueron mixtos: el real brasileño y el peso colombiano se valoraron frente al dólar, mientras el peso mexicano y el chileno se depreciaron.
El consumidor aún no lo siente. La baja del dólar no se ha traducido en precios menores de tecnología o electrodomésticos. Rodrigo Taborda, profesor de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, lo atribuye al efecto transferencia: «Un importador de un electrodoméstico adquirió esa mercancía a una tasa de cambio mucho más alta, y la transferencia del precio solamente se verá reflejada en algunos meses», precisó. La excepción, según Taborda, son las compras directas en plataformas internacionales, donde la reducción de la tasa sí es inmediata.
Lo que el mercado está diciendo es claro: cuando las señales de rentabilidad son correctas —tasas competitivas, flujo de divisas sostenido por materias primas—, el capital responde. El problema es que esa ventana de atractivo cambiario coexiste con una política interna que sigue generando incertidumbre regulatoria e inversión deprimida. Un peso más fuerte no sustituye reglas claras ni un entorno de libre empresa que convierta ese flujo en crecimiento real.

