El dólar cerró este miércoles 15 de julio en la Bolsa de Valores de Colombia en $3.219, una caída de $42 frente a la tasa representativa del mercado (TRM) fijada por la Superfinanciera en $3.252. La apertura había sido de $3.246, el máximo intradía tocó $3.260 y el mínimo al cierre llegó a $3.211. El promedio de la jornada se ubicó en $3.233.
El volumen transaccional del día ascendió a 1.216 millones, más del doble del promedio de 649,28 millones registrado como referencia, lo que refleja una sesión de alta actividad con presión vendedora sobre la divisa.
El telón de fondo es global. El índice del dólar —que mide la moneda americana frente a una cesta de seis divisas— cayó 0,45% hasta las 100,255 unidades, señal de que la debilidad no es exclusiva del mercado colombiano sino una tendencia de la rueda.
El costo fiscal del giro arancelario en Washington
Detrás del movimiento cambiario hay un dato que los mercados no ignoran: el gobierno de Estados Unidos ha reembolsado decenas de miles de millones de dólares a importadores por aranceles que la Corte Suprema declaró ilegales en febrero. Según datos oficiales del presupuesto federal citados por la fuente, las devoluciones de derechos de aduana suman 81 millones de dólares en lo que va del ejercicio fiscal —que arranca en octubre—, frente a 5.000 millones en el mismo período del año anterior. Un funcionario del Departamento del Tesoro atribuyó esa diferencia «casi por completo» a la decisión judicial, con reembolsos concentrados en mayo y junio.
El resultado es un déficit público que se sitúa en $1,367 billones de dólares en los primeros nueve meses del año fiscal, un alza del 2%. El servicio de deuda superó $1 billón en el período, con un incremento del 14%. El gasto militar también creció 5% en el contexto de la guerra en Oriente Medio.
La narrativa que presentaba los aranceles como motor simultáneo de reindustrialización, renegociación comercial y consolidación fiscal recibe así un golpe contable de primera magnitud.
Lectura de Ágora Capital
Para Colombia, una jornada de dólar barato abarata importaciones y alivia la presión inflacionaria de corto plazo. Pero el alivio cambiario importado desde Washington no reemplaza el trabajo doméstico: el país necesita reglas claras para la inversión, no solo vientos favorables de la divisa. Cuando el DXY repunte —y lo hará en cuanto el Tesoro americano recalibra su política— el peso quedará expuesto a sus propios fundamentos.
En el frente estadounidense, el episodio ilustra un principio básico: ningún instrumento fiscal opera en el vacío institucional. Los aranceles que la Corte Suprema frenó no solo dejaron de generar ingresos; generaron egresos. El déficit que se esperaba comprimir se amplió. Capital busca reglas claras, y cuando el marco jurídico es incierto, el costo lo paga el contribuyente.

