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De la Espriella lanza en Chocó un plan de $1 billón: la mitad sale del bolsillo empresarial

El presidente anunció desde Quibdó un «Plan Marshall» para la reconstrucción de la región, con obras por impuestos y capital semilla para 1.000 emprendedores.
lunes 7 de septiembre de 2026

Los números primero. El presidente Abelardo De La Espriella anunció desde Quibdó la puesta en marcha de un «Plan Marshall» para el Chocó, tras reunirse con algunos de los principales empresarios del país. El objetivo declarado: acelerar la atención y la reconstrucción de la región después de la emergencia que la golpeó.

El paquete incluye más de catorce medidas y un lote de obras de infraestructura. La cifra central es un billón de pesos destinado a vías y a un aeropuerto, financiado en un 50% por el sector empresarial y el otro 50% a través del mecanismo de obras por impuestos.

Ese reparto no es un detalle menor. En lugar de cargar el total sobre el gasto público, la mitad del capital sale directamente del sector privado, con empresarios asumiendo el riesgo de ejecución y el Estado comprometiéndose a canalizar el resto mediante un instrumento que ya existe en la legislación tributaria colombiana.

Entre las medidas anunciadas figura la financiación de un malecón gastronómico para el Chocó, pensado como apuesta de reactivación turística y comercial en la región. También se confirmó que el Ministerio de Comercio, a través de Innpulsa, entregará capital semilla de 5 millones de pesos por negocio a 1.000 emprendedores chocoanos, una inyección directa de liquidez a pequeños negocios locales.

El plan va más allá de la coyuntura de emergencia. Se habló de un canal interoceánico y de un ferrocarril que conectarían el Atlántico y el Pacífico desde el Urabá antioqueño, un proyecto de conectividad que, de concretarse, alteraría el mapa logístico del país y abriría una alternativa de carga entre los dos océanos sin depender exclusivamente de rutas existentes.

La reunión previa con grandes empresarios sugiere que el diseño del plan no partió únicamente de una oficina de gobierno, sino de una mesa donde el capital privado tuvo asiento antes del anuncio público. Eso explica, en parte, la estructura de financiamiento mixta.

Capital busca reglas claras. Un esquema de obras por impuestos ofrece a las empresas un incentivo tributario a cambio de ejecutar infraestructura verificable, y traslada parte de la carga fiscal directa hacia inversión física con retorno tangible para la región. Es un modelo que, bien ejecutado, reduce la dependencia del gasto corriente del Estado y obliga a que cada peso comprometido tenga una obra detrás.

El mercado ya votó con la composición misma del anuncio: cuando la mitad del financiamiento de un plan de reconstrucción proviene de empresarios dispuestos a poner capital propio, es una señal de que existe algo de confianza en que el retorno —vía descuento tributario y desarrollo regional— compensa el riesgo país que implica invertir en una zona golpeada por la emergencia. La pregunta que queda abierta, y que solo el tiempo de ejecución responderá, es si la promesa de catorce medidas se traduce en obra física verificable o queda, como tantos planes regionales en América Latina, en el terreno del anuncio.

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