El capital no espera. Cuando las reglas del juego se vuelven impredecibles, las empresas no cancelan proyectos de golpe: los posponen, los redimensionan o los trasladan. Esa es la advertencia central que lanza Janneth Quiroz Zamora, directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Monex, en un análisis publicado este jueves.
El T-MEC bajo revisión anual, una señal que el mercado ya leyó
La decisión de Estados Unidos de sustituir el esquema tradicional de revisión sexenal del T-MEC por un mecanismo de evaluaciones anuales introduce, según Quiroz Zamora, «un nuevo elemento de incertidumbre para la región». El tratado continúa vigente y sus beneficios permanecen intactos, pero la posibilidad de revisiones frecuentes modifica la percepción de riesgo de los inversionistas. No es el contenido de las reglas lo que inquieta: es la expectativa de que cambien con mayor frecuencia.
Ese matiz importa. Una planta automotriz, un centro de distribución o una fábrica de semiconductores son inversiones multimillonarias con horizontes de diez, veinte años o más. La rentabilidad de esos proyectos incorpora una prima por riesgo regulatorio. Cuando esa prima sube, el retorno esperado cae y el capital busca otro destino.
Nearshoring: ventana, no garantía
Durante los últimos años, las disrupciones logísticas, la pandemia y las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China colocaron a México en una posición privilegiada dentro del fenómeno del nearshoring. El análisis de Monex es preciso al respecto: esa oportunidad «nunca fue garantizada». Depende de infraestructura suficiente, disponibilidad de energía, seguridad pública, capital humano, eficiencia logística y confianza institucional.
Algunas empresas internacionales ya han reorientado parte de sus inversiones hacia Estados Unidos. La competencia por el capital manufacturero es, hoy, más intensa que hace cinco años. Los gobiernos compiten con incentivos fiscales, subsidios y programas de apoyo a la manufactura estratégica. En ese contexto, las ventajas tradicionales de México —cercanía geográfica, costos laborales competitivos, red de tratados— ya no son suficientes por sí solas.
La respuesta no son subsidios
El diagnóstico de Quiroz Zamora es directo: la respuesta no pasa por competir mediante subsidios o incentivos cada vez más costosos. La principal ventaja que México puede ofrecer es «un entorno de negocios predecible, instituciones sólidas y reglas claras que trasciendan los ciclos políticos».
La certidumbre reduce costos, facilita la planeación empresarial y fortalece la confianza de quienes deben comprometer recursos durante décadas. En los próximos años, señala el análisis, «la estabilidad institucional será tan importante como la infraestructura» y «el Estado de derecho tendrá un peso comparable al costo de la mano de obra».
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Desde Ágora Capital, el diagnóstico es claro: México no pierde terreno por falta de geografía ni de mano de obra. Lo pierde por un déficit de instituciones confiables y de política económica consistente. El aparato estatal que muta reglas energéticas, tensiona la autonomía regulatoria y tolera la inseguridad no compite con subsidios —eso solo traslada el costo al contribuyente—. Compite, o deja de competir, con certeza jurídica. Capital busca reglas claras. Mientras México no las ofrezca, el nearshoring seguirá siendo una promesa diferida.

