El barril de Brent del mar del Norte para entrega en octubre cerró el viernes en 83,55 dólares, un avance del 1,29%. El West Texas Intermediate (WTI) para entrega en septiembre ganó un 1,15% hasta 78,18 dólares. Ambos marcadores rebotan tras una caída a comienzos de semana, cuando el mercado apostaba por un cierre rápido de las negociaciones en torno al estrecho de Ormuz.
El presidente Donald Trump afirmó el jueves que el paso podría reabrirse «pronto». Pero los analistas de ING señalan que «hay indicios de que Irán desea prohibir a los buques estadounidenses e israelíes el cruce» del estrecho, condición que Washington considera inaceptable. Además, según Barbara Lambrecht, analista de Commerzbank citada por AFP, Irán habría lanzado «nuevos ataques contra objetivos hostiles en el estrecho de Ormuz». El mismo viernes, rebeldes hutíes en Yemen reivindicaron ataques en una provincia rica en petróleo.
«El optimismo que reina en el mercado petrolero respecto a una reapertura del estrecho de Ormuz podría resultar prematuro», resume Lambrecht. Su colega Arne Lohmann Rasmussen, de Global Risk Management, habla de un «mercado nervioso ante la llegada del fin de semana». «En última instancia, todo sigue siendo incierto», concluye la analista de Commerzbank.
Del lado de la demanda, las importaciones chinas de crudo «siguen más de 3 millones de barriles diarios por debajo del nivel observado antes de la guerra», a pesar de un ligero aumento en julio, según Rasmussen. Esa debilidad actúa como freno estructural a una escalada mayor de precios. Sin embargo, el mismo analista advierte que hay pocas probabilidades de que China aumente sus exportaciones de productos refinados de forma inmediata, lo que refuerza el riesgo de precios elevados en derivados como la gasolina.
Desde Ágora Capital, el cuadro es claro: cuando una arteria que concentra flujos críticos de hidrocarburos queda sujeta a la voluntad de un régimen que lanza ataques mientras negocia, el mercado no puede fijar precio con certeza. El capital no premia la ambigüedad; la penaliza con prima de riesgo. Cada día que Ormuz permanece en disputa es un costo real para consumidores, transportistas y cadenas industriales globales, un impuesto invisible que no aprobó ningún parlamento. La única salida que el mercado reconoce es una resolución con reglas claras y verificables, no declaraciones de optimismo que los hechos desmienten en horas.

