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Banamex advierte: memorando Pemex-Petrobras no mueve producción ni garantiza inversión

El acuerdo firmado en junio no crea obligaciones ni sociedad alguna; sin contratos vinculantes, presupuesto y calendario, su impacto será marginal, según el banco.
Imagen ilustrativa
jueves 30 de julio de 2026

Pemex y Petrobras firmaron el 23 de junio en Río de Janeiro un memorando de entendimiento con vigencia de dos años, renovable, para evaluar y eventualmente ejecutar proyectos conjuntos de exploración, extracción y procesos industriales. El documento no obliga a realizar inversiones ni crea una sociedad, consorcio o empresa conjunta.

Banamex analizó el acuerdo este miércoles y reconoció el valor del acercamiento: permitiría a Pemex acceder a la experiencia de Petrobras en operaciones marítimas complejas y aplicar técnicas de recuperación secundaria y terciaria —inyección de agua, gas, vapor o químicos— para extraer más hidrocarburos de yacimientos existentes. La cooperación abarca campos maduros, reprocesamiento sísmico, aguas profundas y ultraprofundas del Golfo de México, crudos pesados, refinación, petroquímica, fertilizantes y captura de carbono.

Pero el banco fue directo sobre los límites del entendimiento: «Mientras no existan contratos vinculantes, presupuesto y un calendario de ejecución, su impacto será marginal». Cualquier proyecto deberá negociarse mediante instrumentos específicos, superar análisis de viabilidad y recibir autorizaciones corporativas y regulatorias. El memorando, por sí solo, no modifica las perspectivas de corto plazo del sector petrolero mexicano.

La asimetría entre las dos empresas es parte central del análisis. Petrobras cotiza en bolsa y dispone de mayor capacidad técnica y financiera. Pemex, en cambio, enfrenta menor margen para reinvertir por su deuda, sus obligaciones con proveedores y el gasto destinado a operación y refinación. Para Petrobras, México representa una oportunidad para reponer reservas y diversificar cartera sin comprometer capital de forma inmediata.

Banamex estimó un precio promedio del crudo Brent de 71 dólares por barril para 2027, pero advirtió que una caída sostenida por debajo de los 60 dólares podría llevar a Petrobras a priorizar sus proyectos en el presal brasileño, África o la Margen Ecuatorial. A eso se suma el riesgo político: un cambio de gobierno en Brasil podría modificar la estrategia internacional de la empresa y reducir su disposición a asumir compromisos de largo plazo en México.

En paralelo, Pemex ya participa con Woodside en Trion, proyecto de aguas ultraprofundas que prevé iniciar producción aproximadamente en 2028.

El acuerdo nació de una propuesta del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva a la presidenta Claudia Sheinbaum en marzo pasado, para aprovechar la especialización de Petrobras en aguas profundas.

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El mercado ya votó sobre Pemex hace tiempo, y el veredicto no es optimista. La petrolera estatal arrastra una deuda que consume el margen que cualquier empresa privada destinaría a reinversión productiva. Un memorando sin presupuesto ni calendario es, en el mejor de los casos, una declaración de intenciones; en el peor, una cortina de humo que aplaza decisiones estructurales.

Lo que Pemex necesita no es otro documento de cooperación, sino reglas claras, apertura real a capital privado y un balance que no dependa del rescate permanente del contribuyente mexicano. Mientras el aparato estatal siga bloqueando esa lógica, la tecnología de Petrobras seguirá siendo una promesa en papel.

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