Ricardo Arriazu y Sergio Berensztein compartieron escenario en un encuentro organizado por la Cámara de Agentes de Bolsa (CADAB), ante funcionarios del Gobierno y representantes de sociedades de bolsa. El diagnóstico conjunto: Argentina enfrenta una oportunidad histórica, pero la amenaza del «péndulo» ideológico no desapareció.
Los números primero. Arriazu señaló que el país registró un superávit comercial de US$10.500 millones el año pasado y que estima US$28.000 millones para el ejercicio actual. A eso sumó un superávit de cuenta corriente de US$10.000 millones y advirtió que, si el Banco Central dejara de comprar divisas para acumular reservas, «el dólar se desplomaría». El dato que cierra el argumento: aún no ingresaron los US$140.000 millones proyectados bajo el RIGI.
La metáfora que define el debate. Frente a los reclamos de devaluación que provienen de sectores afectados por un tipo de cambio históricamente bajo, Arriazu fue directo: «La Argentina pide devaluar el dólar como si el petiso pidiera devaluar el metro; lo que tiene que bajar es el costo argentino, cosa que nunca hicimos». El economista reconoció que nadie conoce el valor de equilibrio exacto y que algunas empresas lo sufren, pero descartó que el Gobierno tenga margen de acción más allá de sostener el esquema actual.
En una economía dolarizada como la argentina, subir el tipo de cambio equivale a acelerar la inflación. Arriazu lo planteó sin rodeos: cuando la gente tiene miedo, compra dólares, no pesos. El rol del Estado no es agravar esa desconfianza, sino garantizar que «no se va a estafar a la gente». Esa desconfianza estructural, dijo, explica por qué Argentina mantiene el segundo riesgo país más alto de América Latina pese a exhibir, según su evaluación, los mejores fundamentos macroeconómicos actuales de la región.
El frente político. Berensztein aportó el contrapeso electoral. Consideró que el Gobierno llega «desgastado» tras casi tres años de gestión, aunque mantiene una posición competitiva. Trazó un paralelo con Mauricio Macri en agosto de 2018 —«a partir de ahí comenzó el desbarranco», recordó— y contrastó con Alberto Fernández, quien ya estaba «en zona de descenso directo» en ese mismo punto del mandato. De cara a 2026, el analista evaluó que La Libertad Avanza no lograría ganar en primera vuelta, aunque no descartó que vuelva «al umbral del 40%». También subrayó que la sociedad «demostró una tolerancia y aguante significativos al ajuste» y que los niveles de conflictividad son bajos.
Berensztein cerró con una lectura sobre la gobernabilidad provincial: la mayoría de los gobernadores enfrenta problemas fiscales, pero actúan con austeridad. «La única manera de explotar ese subsuelo de riqueza es con seguridad jurídica, macroeconomía y reglas del juego lógicas», concluyó.
Lectura de Ágora Capital. Los datos de Arriazu son contundentes: una posición externa de esa magnitud no se construye con magia, sino con ajuste fiscal, apertura y disciplina monetaria. El verdadero costo de la devaluación no lo paga el exportador que la reclama; lo paga el asalariado en el súper. Reducir el costo argentino —burocracia, presión tributaria, rigideces laborales— es la reforma pendiente que ningún gobierno anterior completó. El capital que espera bajo el RIGI necesita exactamente lo que Berensztein describió: reglas claras y estabilidad. Si el péndulo vuelve, esos dólares no entrarán.

