La presión tributaria efectiva de Argentina se proyecta en el 20,8% del Producto Bruto Interno para 2026, según un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf). El dato representa el nivel más bajo en dos décadas y consolida una tendencia descendente que arrancó tras el máximo histórico de 26,1% registrado en 2015.
El reporte traza la trayectoria completa: desde ese pico, la carga bajó a 24,3% en 2022 y retrocedió de forma más marcada hasta 21,5% en 2025. La proyección de 2026 extiende esa caída.
Un punto del PBI menos en un solo año
El Iaraf estima que la reducción total entre 2025 y 2026 equivaldrá a un punto porcentual del PBI. El mayor aporte a la baja proviene del Impuesto al Valor Agregado (IVA), cuya participación pasaría de 7,17% a 6,74% del PBI, una merma de 0,43 puntos porcentuales. También retroceden los derechos de exportación (-0,19 p.p.), los aportes y contribuciones a la Seguridad Social (-0,15 p.p.), los derechos de importación (-0,10 p.p.), los impuestos internos (-0,08 p.p.) y el impuesto al cheque (-0,03 p.p.). En sentido contrario, Ganancias sube 0,11 p.p., combustibles 0,07 p.p. y Bienes Personales 0,02 p.p.
El legado del impuesto PAIS
Uno de los factores estructurales del alivio fiscal es la eliminación del impuesto PAIS, tributo de emergencia creado durante la administración de Alberto Fernández para gravar operaciones en dólares. Dejó de regir el 23 de diciembre de 2024 y su supresión representó una caída de 0,79 puntos porcentuales del PBI.
En el conjunto del comercio exterior, el impacto es aún más visible: la presión tributaria vinculada a ese sector descenderá del 2,29% al 1,34% del PBI entre 2023 y 2026. Si se toma 2022 como referencia —año anterior a la sequía que distorsionó las exportaciones agropecuarias—, la reducción de impuestos al comercio exterior alcanza 1,85 p.p. del PBI y los tributos aduaneros pasan de representar el 13,1% al 6,6% de la presión efectiva total: una reducción del 50%.
Desde la asunción de Javier Milei, la caída acumulada de la carga tributaria llegaría a 1,8 p.p. del PBI en 2026 respecto a 2023, lo que el Iaraf calcula como «una variación porcentual del 8%». La caída total de recaudación de los tributos sería del orden de 2,36 p.p. del PBI en ese mismo período.
Lectura de Ágora Capital
Los números del Iaraf certifican algo que el mercado ya anticipó: cuando el Estado reduce su absorción de recursos, el ahorro privado encuentra espacio. Una presión fiscal del 20,8% sigue siendo elevada para una economía que necesita atraer capital, pero la dirección importa tanto como el nivel. Bajar 1,8 puntos en dos años, con superávit fiscal como respaldo, es la secuencia correcta: primero el equilibrio de las cuentas públicas, luego la devolución al contribuyente.
El desafío que señala el propio informe es que algunos tributos —Ganancias, combustibles— suben mientras otros bajan. La reforma tributaria pendiente deberá resolver esa asimetría si Argentina quiere que el alivio fiscal se traduzca en inversión productiva y no solo en una recomposición del consumo.

