El Gobierno de Javier Milei se propuso un objetivo que ninguna administración argentina alcanzó antes: el grado de inversión soberano. El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó esta semana que la meta es lograrlo hacia 2031 y que ya mantuvo conversaciones con las tres principales agencias calificadoras. Dos de ellas le respondieron que era difícil, aunque posible.
Los números actuales muestran la distancia que separa la ambición del certificado. En mayo, Fitch elevó la nota argentina de CCC+ a B-; un mes después, S&P hizo lo mismo. Moody's mantiene su calificación en Caa1. Con esas mejoras, Argentina sigue seis escalones por debajo del BBB-, el primer nivel que Fitch y S&P consideran grado de inversión, y equivalentemente lejos del Baa3 de Moody's.
El fiscal ya no es el problema central
Esa es quizás la señal más relevante del diagnóstico de Fitch. Todd Martínez, director y co-head de soberanos para América Latina de la agencia, fue directo: «Argentina ya tiene un buen perfil fiscal en comparación con países mejor calificados». La tarea pendiente se trasladó a otro frente.
«La liquidez externa es la métrica más relevante. No basta con que siga encontrando dólares para pagar la deuda; tiene que mejorar su disponibilidad de dólares y disminuir su necesidad de dólares», explicó Martínez a LA NACION. El punto es contar con un colchón que absorba shocks imprevistos sin que el mercado vuelva a poner en duda la capacidad de pago.
El Gobierno llega a esa discusión con un avance concreto: en junio cumplió por primera vez la meta semestral de acumulación de reservas pactada con el FMI y quedó a unos US$1.000 millones del objetivo previsto para todo 2026. Para Fitch, ese logro es apenas el primer paso de un proceso mucho más largo.
El riesgo electoral de 2027
Las propias proyecciones oficiales ilustran la presión que se acerca. Según el programa financiero 2026-2027 presentado por Caputo, el Tesoro deberá comprarle al Banco Central unos US$4.900 millones durante 2027 para afrontar vencimientos de deuda, en un año electoral en que históricamente cae la oferta privada de divisas y sube la demanda de cobertura cambiaria.
La consultora GMA Capital señaló que, tras despejar buena parte de las dudas sobre 2026, «el riesgo se desplaza al plano político». El desafío será sostener la acumulación de reservas, refinanciar deuda en dólares en el mercado local y atravesar el proceso electoral sin una nueva dolarización de carteras.
Instituciones, no solo números
Tanto Fitch como Standard & Poor's coinciden en que el grado de inversión exige algo más difícil de medir que las reservas: demostrar que las mejoras económicas sobreviven a distintos gobiernos. «El grado de inversión no depende de la continuidad del gobierno de Milei, sino de la continuidad de un mejor marco de políticas iniciado bajo la gestión Milei, independientemente de quién esté en el gobierno de turno», afirmó Martínez. Argentina acumula nueve defaults soberanos, un historial que sigue pesando en la percepción de riesgo.
Desde Ágora Capital, el cuadro es claro: el ajuste fiscal fue condición necesaria pero nunca suficiente. Capital busca reglas claras, y las reglas claras requieren instituciones que no cambien de signo con cada elección. El verdadero partido, como señalan las propias calificadoras, es convencer al mercado de que la estabilidad dejó de ser un proyecto personal para convertirse en arquitectura de Estado. Recorrer seis escalones en cinco años es «muy desafiante», en palabras de Fitch, pero la dirección, por primera vez en décadas, apunta hacia arriba.

