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Aranceles de México a Asia recortan importaciones 23.2% y golpean a China con caída de 28.4%

El decreto arancelario de diciembre de 2025 redujo las compras a países sin TLC de 15,383 a 11,808 millones de dólares entre enero y mayo. El ajuste es real, pero el costo lo absorbe la industria mexicana que depende de insumos asiáticos.
Imagen ilustrativa
martes 21 de julio de 2026

Los números llegaron y son contundentes. Las importaciones mexicanas correspondientes a 1,463 fracciones arancelarias sujetas al decreto de diciembre de 2025 cayeron 23.2% anual entre enero y mayo, al pasar de 15,383 millones de dólares a 11,808 millones de dólares, según datos de la Subsecretaría de Comercio Exterior de la Secretaría de Economía.

China encabezó el ajuste: sus exportaciones hacia México en las fracciones afectadas se desplomaron 28.4%, de 10,099 millones de dólares a 7,228 millones de dólares. Taiwán retrocedió 32.7%; Brasil —en operaciones sin Acuerdo de Complementación Económica— cayó 29.6%; Corea del Sur bajó 21.9%, de 1,374 a 1,074 millones de dólares; India y Tailandia registraron descensos de 12.3% y 6.3%, respectivamente.

Por sectores, vehículos ligeros lideró la caída en términos absolutos con una reducción de 1,180 millones de dólares, equivalente a 29.7% anual. Las autopartes retrocedieron 39.5%, con 909 millones menos. Los productos siderúrgicos bajaron 30%, con una reducción de 397 millones de dólares. Los remolques registraron la mayor caída porcentual: 54.5%. El calzado descendió 37.9%.

Janneth Quiroz, directora de Análisis Económico de Monex, reconoció que «la política arancelaria ha tenido un efecto claro sobre los flujos comerciales, particularmente en las importaciones provenientes de países con los que México no tiene un tratado de libre comercio», aunque aclaró que eso no implica necesariamente una menor demanda de insumos.

Pedro Canabal, socio de Comercio Exterior e Impuestos de Baker Tilly, enmarcó la medida como una reacción al contexto de revisión del T-MEC y las presiones comerciales de Estados Unidos: «A toda acción corresponde una reacción y es lo que estamos haciendo».

El matiz más relevante lo aportó Pola Grijalva Vega, socia de WTI Group y presidenta de la Junta de Gobierno de la Cámara de Comercio y Tecnología México-China: aproximadamente el 75% de las importaciones desde China corresponde a bienes de capital y bienes intermedios, no a consumo final. Según Grijalva, las compras de maquinaria, equipo sofisticado y robótica «no solamente no han bajado, sino que están con una perspectiva de crecimiento», impulsadas por empresas que buscan producir en México para abastecer a Norteamérica. El impacto definitivo, añadió, dependerá de las reglas de origen que resulten de la renegociación del T-MEC.

Desde Ágora Capital, el cuadro merece una lectura más fría que la que ofrece el aparato estatal. Redirigir flujos comerciales mediante decreto es relativamente sencillo; lo que no se resuelve con un arancel es la dependencia estructural de la industria mexicana en insumos asiáticos sin sustituto doméstico disponible. Cuando tres cuartas partes de lo que llega de China son bienes de capital e intermedios, el arancel no protege a un productor local: encarece el proceso productivo del exportador que México necesita para competir en el T-MEC. El costo, en última instancia, lo paga la cadena de valor —y detrás de ella, el consumidor—. Capital busca reglas claras, no muros que eleven sus costos de producción.

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