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89% de los bancos centrales prevé aumentar reservas de oro: el metal desplaza al dólar como ancla de certeza

Una encuesta del World Gold Council revela que un récord del 45% de los bancos centrales planea sumar oro a sus reservas en el próximo año, señal de que la incertidumbre geopolítica y fiscal ya no se gestiona solo con bonos del Tesoro estadounidense.
Imagen ilustrativa
lunes 10 de agosto de 2026

Los números primero: el 89% de los bancos centrales del mundo espera que las reservas globales de oro crezcan durante el próximo año, según una nueva encuesta del World Gold Council. Un récord del 45% planea incrementar sus propias tenencias. La tendencia no es anecdótica; es estructural.

Durante décadas, los bancos centrales canalizaron sus reservas hacia bonos del Tesoro de Estados Unidos, considerados el activo más seguro del planeta. Ese consenso no ha desaparecido, pero se está erosionando. Cavatoni, citado en el informe, lo resume con precisión: «Están buscando diversificarse. Y el oro llena esa necesidad porque provee liquidez, diversificación y protección contra la inflación y la incertidumbre geopolítica».

Las razones que los propios bancos centrales esgrimen son reveladoras. Aproximadamente el 90% señala el desempeño del oro durante crisis como motivación principal para mantenerlo. El 84% lo cita como reserva de valor a largo plazo y cobertura contra la inflación. El 83% destaca su función como diversificador de reservas. Tres argumentos distintos, un mismo activo.

El contexto importa. Guerras en curso, tensiones comerciales en escalada e inflación que se resiste a ceder han reconfigurado el mapa de riesgo soberano. El oro, a diferencia de las divisas o la deuda pública, no está atado a la salud financiera de ningún país en particular. Esa independencia, que en épocas de estabilidad parecía una limitación, se convierte en ventaja cuando la estabilidad escasea.

Para el inversor privado, la señal que emiten los bancos centrales merece atención. Cuando las instituciones que administran el dinero de naciones enteras deciden mover ficha hacia el metal, el mercado ya está votando. No sobre el precio del oro en el corto plazo, sino sobre la confianza en el sistema monetario global a mediano plazo.

Desde la perspectiva de Ágora Capital, el fenómeno apunta a algo más profundo que una rotación táctica de cartera. Los gobiernos que acumulan oro están, implícitamente, reconociendo que el gasto público descontrolado y la emisión monetaria tienen costos reales que ningún bono soberano puede absorber indefinidamente. El oro no paga cupón, no tiene banco emisor y no puede ser impreso: exactamente las propiedades que lo vuelven atractivo cuando el aparato estatal de cualquier latitud muestra señales de fatiga fiscal.

El capital busca reglas claras. Cuando esas reglas se vuelven difusas, busca activos que no dependan de ninguna regla en absoluto.

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