El economista Molano publicó este martes en El Financiero una columna que apunta directo al corazón del problema fiscal mexicano: el costo de financiar al Estado, no al desarrollo del país.
Los números que incomodan
Según Molano, financiar la deuda pública costará «arriba de un billón de pesos anuales, incluso 1.5 billones como estiman algunos analistas». Frente a eso, la economía crecerá «en el mejor de los casos» entre 300 y 400 mil millones de pesos por año. El Estado, agrega, podrá fiscalizar «una tercera parte de esos recursos, en el mejor de los casos». La aritmética es brutal: el costo del pasivo supera con creces la capacidad de generación de ingresos frescos.
El diagnóstico se agrava porque ni Pemex ni las pensiones están consideradas en los cálculos oficiales. Molano los llama «contabilidad creativa» y advierte que ambos pasivos no tienen remedio a corto plazo.
El frente comercial no es el problema
Molano descarta que la presión arancelaria de la administración Trump sea la amenaza principal. Cita a «especialistas y exnegociadores comerciales» que califican las cifras de comercio de «espectaculares»: México es el principal socio comercial de Estados Unidos y ha ganado mercado por encima de China. El modelo gravitacional, dice, garantiza ese vínculo «a menos que nos volvamos violentos y volátiles como el próximo Afghanistán».
La advertencia sobre seguridad no es retórica: Molano la califica de «posibilidad real» y traza un escenario de «híbrido de Afghanistán y Argentina en su peor momento».
El silencio del sector privado
Lo que más preocupa al columnista no es solo el déficit, sino la ausencia de interlocución. «Al sector privado le preocupa decir algo», escribe, y advierte que ese silencio es suicida: si México profundiza su crisis de gobernanza y finanzas públicas, «las consecuencias para sus negocios serán irreversibles». El cálculo de que «los Estados no quiebran» ignora que los Estados fallidos existen y que recuperarse de ellos «toma décadas».
La única salida posible
Molano concluye que perder el grado de inversión sería malo, pero quizá «es lo único que hará recapacitar al gobierno y a la sociedad». Llama a reformas estructurales que «equilibren el gasto, alineen los incentivos y mejoren la calidad de los bienes y servicios que provee el Estado».
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Desde Ágora Capital, el análisis de Molano confirma lo que el mercado ya descuenta en el riesgo soberano mexicano: cuando el costo del pasivo supera la capacidad de generación fiscal, no hay narrativa de nearshoring que alcance para tapar el agujero. El dinero de los contribuyentes financia hoy una burocracia que crece, empresas públicas que sangran y pensiones que nadie quiere contabilizar. El silencio del empresariado mexicano ante ese cuadro no es prudencia; es complicidad con un deterioro que, cuando llegue a su punto de quiebre, no distinguirá entre el magnate que calló y el ciudadano que no tenía voz.



