Grupo Bios cierra julio con un crecimiento superior al 10%, impulsado íntegramente por volumen, según confirmó su presidente Santiago Piedrahíta en entrevista con El Colombiano. Los precios al consumidor no se han movido, pero los kilogramos de proteína consumidos por habitante han aumentado, señal de que la demanda de la cadena mantiene tracción.
El contraste llega por el lado de los costos. Piedrahíta fue directo: «Este año el reto está en los márgenes». El salario mínimo subió 23%, pero al sumarle la reducción de jornada laboral y el incremento de aprendices del Sena, el costo total de mano de obra terminó aumentando cerca de 26%. En frigoríficos de pollo, cerdo y res —negocios de alta intensidad laboral— ese golpe fue inmediato y difícil de trasladar al mercado.
La sobreoferta de proteínas agrava el cuadro. El cerdo acumula 17 meses consecutivos de caída de precios; los productores venden por debajo del costo. Esa presión migró al pollo: cuando el cerdo bajó tanto, compitió directamente con el ave en la góndola, quitándole demanda. La carne de res tiene válvula de escape vía exportación; el pollo y el cerdo, no.
La revaluación del peso añade otra capa de complejidad. Cuando las materias primas importadas bajan por efecto cambiario, la empresa pierde el argumento para negociar alzas de precio con sus clientes, aunque los costos laborales internos sigan escalando.
Ante ese escenario, Grupo Bios no frenó el gasto de capital. Piedrahíta confirmó un Capex cercano a los US$100 millones para el año en curso, destinado principalmente a ampliar capacidad en las plantas de Contegral, Finca y los demás negocios de la compañía. La estrategia multiproteína, la expansión internacional del negocio de mascotas y el fortalecimiento de la producción nacional de maíz y soya son los ejes declarados de esa inversión.
La empresa también avanza hacia la certificación como organización del Sistema B, que Piedrahíta describe como un proceso que exige «los más altos estándares en sostenibilidad» de gobernanza, proveedores, empleados y comunidades.
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Los números de Grupo Bios ilustran una tensión que el mercado colombiano de proteínas conoce bien: el volumen crece cuando el poder adquisitivo mejora, pero la rentabilidad depende de reglas laborales predecibles y de una oferta que no se dispare sin señales de precio. Un incremento del 26% en costos de mano de obra —resultado de decisiones regulatorias, no de negociación de mercado— es exactamente el tipo de fricción que desincentiva la inversión en sectores intensivos en trabajo.
Que Grupo Bios mantenga un Capex de US$100 millones en ese contexto habla de convicción estratégica. Pero también revela el costo silencioso de la política laboral sobre los márgenes del sector privado: el capital sigue llegando, aunque el aparato regulatorio se encargue de reducir el retorno.



