General Motors planea inyectar C$1.100 millones (US$791,31 millones) en su operación canadiense, según un reporte de negociación del sindicato Unifor difundido el sábado. La cifra incluye compromisos ya conocidos y nuevos, en momentos en que el sector automotor canadiense enfrenta un arancel del 25% de Estados Unidos que el presidente Trump prometió duplicar al 50% a partir del 1 de enero.
Del total, C$691 millones corresponden a un compromiso anunciado en abril para respaldar la producción de nuevos motores V8 en Ontario. La parte nueva del acuerdo suma C$144 millones para incorporar la próxima generación de la pickup pesada GMC Sierra en la planta de Oshawa, y C$215 millones para ensamblar una transmisión de nueva generación en una fábrica separada en St. Catherines, con arranque previsto a fines de 2029.
GM también se comprometió a no cerrar ni vender de inmediato su planta de ensamblaje CAMI en Ingersoll mientras evalúa producción alternativa. Esa planta tendría prioridad para trabajo de defensa para las Fuerzas Armadas canadienses si la automotriz consigue un contrato de ese tipo.
El acuerdo preliminar se alcanzó el 22 de agosto entre GM y Unifor en representación de 4.600 trabajadores sindicalizados en Ontario, la provincia más poblada de Canadá. Queda sujeto a la aprobación de los trabajadores, que votan sábado y domingo. Tanto Unifor como la división canadiense de GM declinaron hacer comentarios durante la votación.
El trasfondo es la negociación comercial estancada entre Estados Unidos y Canadá. Trump, que ha chocado en días recientes con el premier de Ontario, Doug Ford, ha dicho que elevará al 50% los aranceles a todos los autos y camionetas canadienses, así como a autopartes y acero, desde el 1 de enero. Las conversaciones terminaron la semana pasada sin resolver puntos como si se recortarán los derechos sobre vehículos medianos y pesados, críticos para las fábricas canadienses.
El secretario de Comercio de EE.UU., Howard Lutnick, dijo que los negociadores canadienses recién plantearon el viernes a las 4 p.m. la exigencia de incluir camiones medianos y pesados, justo antes del plazo límite para cerrar un acuerdo. Canadá ha señalado que no puede aceptar un pacto comercial con Washington a menos que garantice la supervivencia de una industria robusta de ensamblaje y autopartes.
Los números primero: mil cien millones de dólares canadienses no son una apuesta espontánea de mercado, son el costo de sobrevivir a un arancel que puede pasar del 25% al 50% en cuatro meses. GM no está optimizando retorno según demanda del consumidor; está optimizando riesgo país frente a una política comercial que cambia por decreto.
Ese es el punto que la línea de libre empresa no puede ignorar: cuando el capital se mueve para esquivar un arancel y no para captar un margen, la asignación de recursos deja de ser eficiente y pasa a depender de la relación política entre Ottawa y Washington. La planta de Ingersoll sobrevive por ahora, pero «mientras estudia alternativas» no es lo mismo que una garantía de largo plazo. El mercado ya votó: prefiere reglas claras a promesas de arancel que se duplican de un día para otro.



