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EE.UU. importó 2.85 mil millones de animales en 22 años y la IA promete encontrar lo que la burocracia no ve

Investigadores proponen algoritmos para detectar especies en peligro y ejemplares peligrosos ocultos tras códigos genéricos como «peces tropicales» en las declaraciones de importación.
Foto: forbes.com
lunes 31 de agosto de 2026

Los números primero. Estados Unidos importó, durante los últimos 22 años, unos 2.85 mil millones de animales individuales de casi 30.000 especies distintas, según investigación citada por Forbes. Es un mercado de biodiversidad que llega por correo, contenedor y carga aérea, y que termina como mascota, ejemplar de zoológico, insumo de investigación o materia prima de medicamentos y productos de consumo.

El problema no es el volumen en sí, sino la opacidad. Wesley Daniel, investigador del U.S. Geological Survey, lo resume así: «La prevención es la forma más efectiva y económica de mitigar los impactos que sabemos que las especies no nativas pueden generar». El riesgo tiene dos caras: especies venenosas que ingresan sin control adecuado, y especies protegidas por CITES —la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas— que se trafican camufladas en el papeleo.

Michael Tlusty, profesor de Sostenibilidad y Soluciones Alimentarias en la Universidad de Massachusetts Boston, expuso el mecanismo detrás de esa opacidad: los importadores usan códigos genéricos como «peces tropicales» en lugar de declarar la especie exacta, lo que multiplica el trabajo de los fiscalizadores. Su ejemplo es el caballito de mar: «Son especies listadas en CITES. Deberían tener permiso. Deberíamos saber de dónde vino, cómo se produjo. Hay todo un conjunto de información que realmente necesitamos y probablemente no tenemos, porque está oculta en el papeleo».

Según Tlusty, las herramientas actuales —perros detectores, análisis ENA, rayos X— tienen un límite estructural: preguntarle a un escáner «qué hay en esta caja» exige enorme poder de procesamiento; preguntarle «¿hay un cocodrilo en esta caja?» convierte el mismo problema en algo mucho más simple de resolver. Esa es, en esencia, la propuesta de aplicar inteligencia artificial: no sustituir la inspección, sino dirigirla con precisión hacia objetivos definidos, cruzando datos de importación para aislar las entradas sospechosas dentro de un mar de declaraciones legítimas.

Tlusty define «vida silvestre» como cualquier animal no domesticado, lo que incluye buena parte del comercio pesquero. Advierte que gran parte de ese pescado proviene de países en desarrollo y pequeñas naciones insulares, un punto donde la trazabilidad es aún más débil.

El mercado ya votó por la escala: miles de millones de animales cruzan la frontera cada año sin que exista capacidad humana suficiente para revisar cada declaración una por una. Ese es precisamente el terreno donde la tecnología privada, y no una nueva capa de trámites, ofrece una salida real. La alternativa —ampliar plantillas de inspectores o imponer restricciones generalizadas al comercio legal de fauna— encarece un intercambio que en su inmensa mayoría es legítimo y castiga a importadores cumplidores para atrapar a una minoría de infractores.

La lectura de fondo es que el problema nunca fue la falta de reglas —CITES y los controles fitosanitarios ya existen— sino la falta de capacidad para hacerlas cumplir con la información disponible. Software capaz de cruzar patrones de importación y priorizar objetivos de inspección permite algo que la línea de este diario defiende de forma constante: proteger la propiedad y la legalidad sin expandir el aparato estatal, usando datos e innovación en lugar de más burocracia para separar el comercio sostenible de la actividad criminal.

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