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Washington gastó $3 billones en educación y solo 3 de cada 10 estudiantes rinden en matemáticas y lectura

El Departamento de Educación de EE.UU. usa esa cifra para justificar el retorno del control escolar a los estados y los padres. McMahon lo llama el mayor avance de libertad educativa en la historia del país.
Foto: foxnews.com
viernes 28 de agosto de 2026

Los números primero. Washington invirtió $3 billones de dólares de los contribuyentes en el Departamento de Educación federal. El resultado, según cifras nacionales citadas por la propia agencia: solo tres de cada diez estudiantes son competentes en matemáticas y lectura.

Con ese dato como argumento central, la secretaria Linda McMahon presentó el plan de la administración Trump. La meta es devolver el control educativo a los estados y a los padres. La medida busca sacar, en sus palabras, «a los burócratas de Washington» de las decisiones escolares.

McMahon y otros líderes del departamento llamaron a estaciones de radio locales en todo el país. Lo hicieron durante las últimas dos semanas. El objetivo era simple: llegar de forma directa a millones de padres con el mensaje del «reinicio duro» a la educación.

La funcionaria también recorre los 50 estados. En cada parada explica cómo cambiará la escuela K-12 bajo el nuevo esquema de descentralización. «Como madre y abuela, sé que solo tenemos una oportunidad para educar a nuestros hijos y ayudarlos a alcanzar su potencial», dijo McMahon a Fox News Digital.

La secretaria calificó la reforma como «la mayor expansión de libertad educativa en la historia de Estados Unidos». Aseguró que la gira de 50 estados ya llegó a millones de familias. Subrayó el papel de los padres frente al de «los burócratas en Washington».

McMahon prometió, desde que asumió el cargo, desmantelar la agencia federal. Contrató personal con la meta explícita de eliminar sus propios puestos, según el reporte del departamento. Un vocero fue directo: citó los $3 billones invertidos frente a resultados de aprendizaje débiles como la justificación central del cambio. La agencia sostiene que la reforma «empodera a los estados» y retira la ideología de la educación superior.

El mercado ya votó, aunque en este caso el veredicto lo dio la prueba estandarizada. Tres billones de dólares del contribuyente no compraron mejores resultados académicos. Compraron una capa burocrática adicional entre el aula y la familia. Cuando el gasto no se traduce en productividad educativa, la centralización pierde su argumento más básico.

Devolver la decisión a estados y padres no es solo un gesto político. Es el reconocimiento de que el monopolio federal sobre la educación no superó la prueba más elemental: el retorno sobre la inversión. Capital busca reglas claras, y en educación esas reglas claras empiezan por acercar la decisión a quien paga la cuenta y sufre el resultado: la familia.

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