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Venezuela podría llegar a 3,3 millones de barriles diarios en una década, pero su propia ley petrolera frena la inversión

Un informe de Oxford Energy advierte que las cláusulas de reversión sin compensación de la reforma de enero de 2026 repiten el error de 1971 y ahuyentan el capital a largo plazo que necesita el sector.
Foto: lapatilla.com
viernes 28 de agosto de 2026

Los números primero: Venezuela podría sostener una producción de 3,3 millones de barriles diarios en un horizonte de 10 a 12 años, según un análisis de Oxford Energy publicado por lapatilla.com. Pero el propio informe aclara que se trata de «un potencial de producción a largo plazo y no una proyección definitiva».

La condición que el estudio coloca primero no es geológica sino jurídica. Los artículos 35(4) y 43 de la Reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos de enero de 2026 contemplan reversión de activos sin compensación. Según el análisis, esto «recrea el dilema del horizonte temporal» de la Ley de Reversión de 1971 y desincentiva precisamente las inversiones a largo plazo que exige la recuperación térmica, la generación eléctrica y la infraestructura asociada. La recomendación es directa: eliminar esas cláusulas o compensar sustancialmente debería ser prioridad en cualquier reforma legal posterior.

La segunda condición es de secuenciación operativa. El informe sugiere que Venezuela use primero los crudos de menor viscosidad del Orinoco, los campos maduros y la rehabilitación de campos convencionales para generar producción y flujo de caja temprano, antes de expandirse hacia la recuperación térmica, que exige mucho más capital y energía. Esa estrategia requeriría, además, desarrollar en paralelo servicios e infraestructura de soporte junto con las inversiones aguas arriba.

El rediseño de PDVSA aparece como pieza central. El análisis plantea una empresa más eficiente, enfocada en gestión estratégica de activos, supervisión de contratos, evaluación geológica y coordinación de infraestructura, en contraste con una firma que hoy intenta actuar simultáneamente como regulador, operador, inversionista y agencia de desarrollo social.

Oxford Energy recurre también a un precedente histórico: en la década de 1940, Venezuela combinó términos fiscales más estrictos con participación internacional continua, mientras Estados Unidos respaldó un marco que equilibró intereses corporativos y soberanía nacional. El informe no lo presenta como modelo a replicar, sino como evidencia de que la cooperación estratégica puede coexistir con la autonomía de la política nacional.

La conclusión del estudio combina condiciones externas e internas: respaldo continuo de Estados Unidos a la transición democrática y financiamiento multilateral para rehabilitar el sistema eléctrico, junto con reformas venezolanas que eliminen el riesgo de reversión y completen la transición de PDVSA hacia la gestión estratégica de activos. Sin esas bases, advierte, la riqueza de recursos seguirá siendo «un potencial no realizado».

El mercado ya votó sobre este tipo de riesgo país antes: ningún operador capitaliza proyectos de recuperación térmica a 10 años si el Estado puede revertir el activo sin pagar por él. La cifra de 3,3 millones de barriles diarios es geológicamente plausible, pero el propio informe lo dice sin adornos: el cuello de botella no está bajo tierra, está en el texto de la ley. Capital busca reglas claras, y mientras los artículos 35(4) y 43 sigan vigentes, el potencial venezolano seguirá siendo eso: potencial.

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