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Trump impone aranceles y Canadá corta la mesa: US$872.000 millones de comercio bilateral en juego

Carney abandona las negociaciones tras filtrarse comentarios del vicepresidente Vance, y Washington activa una nueva ronda arancelaria que pone a prueba hasta dónde llega el poder de negociación estadounidense.
Foto: elnacional.com
viernes 28 de agosto de 2026

Las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá colapsaron este fin de semana, dos días después de que se filtrara un audio del vicepresidente JD Vance en un evento privado de recaudación de fondos. En la grabación, difundida por la agencia Canadian Press, Vance calificó al primer ministro canadiense Mark Carney de «tipo muy amable» y describió como «hilarante» su postura de dureza frente a Trump, porque, según él, los canadienses «terminan cediendo en muchos temas».

Carney respondió poniendo fin a las conversaciones. Sus diplomáticos regresaron a Ottawa y Washington activó este martes una nueva ronda de aranceles selectivos. El comercio bilateral entre ambos países supera los US$872.000 millones anuales, según cifras citadas en el reporte.

La fricción no es nueva. Se remonta a las negociaciones que dieron origen al T-MEC durante el primer gobierno de Trump, cuando el hoy presidente llegó a llamar a Canadá el «estado número 51» y al entonces primer ministro Justin Trudeau su «gobernador». Detrás de esa retórica, según el reporte, hay una lectura de fondo compartida en los Departamentos de Estado, Hacienda y Comercio de EE UU: Canadá contribuye poco a la defensa regional mientras se beneficia de forma desproporcionada del comercio con su vecino.

Drew DeLong, jefe de estrategia política corporativa en Kearney Foresight, resumió la doctrina: «la seguridad económica es seguridad nacional». Esa misma lógica, señala el reporte, explica el interés de Trump por Groenlandia y su giro reciente hacia Venezuela y Medio Oriente, antes de que Canadá volviera al centro de la disputa.

Ottawa ya evalúa represalias: restringir el acceso estadounidense a energía y minerales críticos canadienses, y fomentar boicots de consumidores a productos de EE UU. El primer ministro de Ontario, Doug Ford, fue más directo y le dijo a Trump que «se fuera al diablo», mientras el presidente estadounidense acusa reiteradamente a Canadá de «estafar» a su país.

Los números primero: un flujo comercial de casi un billón de dólares no se reordena sin fricción de corto plazo, y los aranceles encarecen insumos en ambos lados de la frontera. Pero el reclamo de fondo de Washington —que un socio que se beneficia del libre acceso al mercado estadounidense también debe asumir su parte del gasto en defensa hemisférica— no es menor para quienes miran el reparto de cargas dentro de la alianza norteamericana.

El mercado ya votó con la ruptura de las negociaciones: el riesgo país canadiense sube y las cadenas de suministro de energía y minerales críticos quedan expuestas a la próxima jugada de Ottawa. Capital busca reglas claras, y por ahora ninguna de las dos capitales las ofrece. Lo que está en disputa, más allá del arancel puntual, es si Estados Unidos puede convertir su peso económico en resultados concretos frente a un vecino que, según muestra el propio episodio de Ford, no está dispuesto a ceder sin resistencia.

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