La mañana del sábado 22 de agosto, una unidad de Expresos Rubio y un taxi de Expresos Venezuela quedaron atascados en el sector Puente de Oro. El detonante: las fuertes lluvias de las últimas horas sobre la vía entre Rubio y San Cristóbal, en el estado Táchira.
A bordo de la encava viajaban 25 pasajeros. El temor era que el nivel del agua siguiera subiendo y arrastrara los vehículos. Casi una hora después llegó auxilio. Los pasajeros realizaron trasbordo a otra unidad que llegó en retroceso.
El conductor de la unidad número 14 de Expresos Rubio explicó que entró agua al motor. El vehículo se apagó en plena laguna formada sobre el asfalto. Tuvo que pagar de su bolsillo para retirar la encava y llevarla a un taller en Rubio. Los daños incluyen filtros de combustible y la defensa trasera, que se partió durante el rescate.
En horas del mediodía, una tercera unidad —de Expresos Delicias— sufrió daños en el radiador al intentar cruzar la misma laguna. Tres líneas afectadas en un solo día.
Los conductores de Expresos Rubio, Expresos Delicias y Velco Llano, junto con las líneas de taxis, exigen al gobierno de Freddy Bernal una respuesta urgente. Señalan que el municipio Junín permanece prácticamente incomunicado con San Cristóbal. Más allá de Puente de Oro, reportan grandes cráteres en otros sectores de la misma carretera.
El alcalde del municipio Junín, Jackson Carrillo, también se dirigió a Bernal y al presidente del Instituto de Vialidad del Táchira. Carrillo fue directo: la falla geológica «no se arregla con picos y palas». Hace falta maquinaria pesada. Según el alcalde, la ha solicitado de manera reiterada sin obtener respuesta.
El cuadro es elocuente. Una vía deteriorada paraliza el transporte productivo de una región entera. Cada encava dañada es un costo que absorbe el operador privado, no el Estado que dejó pudrir la infraestructura. Los filtros rotos, los radiadores fundidos y las defensas partidas son la factura real del abandono burocrático.
Capital busca reglas claras y carreteras transitables. Cuando el aparato estatal no garantiza ni lo segundo, el costo recae sobre los conductores, los pasajeros y el comercio local. La maquinaria pesada existe. La voluntad política, según los hechos del sábado, todavía no aparece.



