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Terremoto del 10 de agosto restaría 0,27 puntos al crecimiento del PIB colombiano en 2026

Lumen Economic Intelligence estima daños por $30 billones; Risaralda, Chocó y Quindío absorberían el golpe más duro, con caídas de hasta 2,50 puntos en su crecimiento regional.
Foto: elcolombiano.com
martes 25 de agosto de 2026

El terremoto del 10 de agosto tendría un impacto de 0,27 puntos porcentuales sobre el crecimiento económico de Colombia en 2026, según estimaciones de Lumen Economic Intelligence elaboradas con base en los daños materiales calculados por el Gobierno nacional en $30 billones.

Luis Fernando Mejía, fundador y CEO de Lumen Economic Intelligence, precisó que el efecto no se concentraría únicamente en el año del desastre. «Según nuestras estimaciones, el terremoto restaría 0,27 puntos porcentuales al crecimiento del PIB en 2026, mientras que la normalización de la actividad y la reconstrucción aportarían 0,20 puntos en 2027 y 0,08 puntos en 2028», afirmó.

El modelo descompone el choque en tres canales. El primero es la producción que deja de generarse por destrucción de capital —viviendas, capital productivo, infraestructura y edificios públicos—, con un impacto negativo de 0,07 puntos porcentuales. El segundo es la interrupción temporal de la actividad por daños en infraestructura, restricciones de movilidad y desplazamientos, que restaría 0,25 puntos. El tercero, el gasto de reconstrucción, compensaría parcialmente con una contribución positiva de 0,05 puntos. El efecto neto para 2026 sería de −0,27 puntos porcentuales.

El promedio nacional, sin embargo, oculta un golpe considerablemente más profundo en las regiones directamente afectadas. Para 2026, Lumen estima que Risaralda vería su crecimiento reducido en 2,50 puntos porcentuales frente a un escenario sin terremoto. Le seguirían Chocó (−2,34 puntos), Quindío (−2,11), Valle del Cauca (−1,75) y Caldas (−1,48). En conjunto, estos cinco departamentos representan 14,5% del PIB nacional.

El panorama cambiaría a partir de 2027, cuando el proceso de reconstrucción comenzaría a revertir el choque. Risaralda recibiría un aporte adicional de 1,94 puntos porcentuales ese año y 0,75 puntos en 2028; Chocó, 1,59 y 0,66 puntos; Quindío, 1,60 y 0,63; Valle del Cauca, 1,30 y 0,52; y Caldas, 1,01 y 0,42 puntos.

El modelo parte del supuesto de que el terremoto no generará una pérdida permanente de productividad en las zonas afectadas. Bajo esa condición, el impacto negativo se concentraría en 2026 y la normalización de la actividad contribuiría positivamente al crecimiento durante los dos años siguientes.

El Servicio Geológico Colombiano reportó que el sismo registró una magnitud de 7,4, con profundidad de 96 km, lo que lo convierte en el más fuerte desde 1979.

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Los números son relativamente acotados a escala nacional, pero el daño regional es otra historia. Cuando el capital productivo se destruye en territorios que ya enfrentaban brechas de inversión, la reconstrucción no es automática: depende de reglas claras, ejecución presupuestal eficiente y confianza del sector privado para reinvertir. El riesgo real no es el −0,27 de 2026; es que la burocracia dilate la ejecución de obras y el rebote de 2027 llegue tarde o incompleto. Capital busca reglas claras, y en una emergencia eso se traduce en contratos ágiles, no en trámites que conviertan la tragedia en parálisis.

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