El Metro de Caracas confirmó este domingo que opera con normalidad en todas sus estaciones subterráneas y superficiales, un día después de que las intensas precipitaciones del sábado obligaran a suspender temporalmente el servicio en la estación Mercado, perteneciente a la línea 3.
El presidente de la institución, Yoel Amaya, se trasladó personalmente al sitio para verificar las condiciones de las áreas anegadas e iniciar los trabajos de limpieza. A través de un video publicado en las redes sociales de la empresa, Amaya detalló que, durante la contingencia, el sistema continuó funcionando hasta la estación La Rinconada, punto de conexión con el ferrocarril de Los Valles del Tuy.
Una vez concluidas las labores de limpieza, la institución emitió el parte definitivo: «Las áreas de tránsito para los usuarios están totalmente habilitadas; por lo que el servicio comercial, en todas nuestras estaciones, se mantiene ciento por ciento operativo».
La excepción son los sistemas por cable, que permanecerán cerrados por trabajos de mantenimiento preventivo y correctivo. El Metro instó a los usuarios a mantenerse atentos a los anuncios del personal operativo.
Por su parte, el Instituto de Ferrocarriles del Estado (IFE) informó que sus cuatro estaciones también operan con normalidad este domingo. La institución expresó solidaridad con las comunidades afectadas por las lluvias en la capital.
Las precipitaciones del sábado dejaron inundaciones en varios sectores de la Gran Caracas, según reportes paralelos del mismo medio.
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El episodio expone, una vez más, la fragilidad estructural de la infraestructura de transporte público venezolana frente a fenómenos climáticos que en otras latitudes serían gestionados con protocolos automatizados. Que el presidente del Metro deba trasladarse personalmente al sitio para «verificar condiciones» habla de un aparato estatal que opera en modo reactivo, no preventivo.
Para los usuarios caraqueños —sin alternativas privadas competitivas y con un parque automotor deteriorado— cada cierre de estación no es una anécdota operativa: es un costo directo sobre su productividad y su tiempo. La resiliencia real de un sistema de transporte se mide antes de la lluvia, no después.



