Dos hombres de nacionalidad chilena, de 23 y 33 años, fueron detenidos este jueves en Osaka, Japón, imputados por el robo de cuatro relojes de lujo desde una tienda en el distrito de Nakano, en el oeste de Tokio. Así lo informó el medio nipón NHK.
Según la reconstrucción policial, los sujetos rompieron con un martillo una vitrina de la tienda Time Walker, ubicada en el edificio Nakano Broadway, el pasado martes. Se llevaron tres relojes de la marca Richard Mille y uno Patek Philippe.
Los cuatro relojes están avaluados en 200 millones de yenes, cerca de 1,25 millones de dólares. La investigación permitió rastrear a los sospechosos hasta Osaka, donde fueron capturados dos días después del robo. Al momento de la detención, uno de ellos tenía en su poder un reloj de la misma marca que uno de los productos sustraídos, según las fuentes citadas por NHK.
Los números primero: del hecho a la captura pasaron 48 horas. Ese margen de reacción no es casual. Japón mantiene tasas de resolución de delitos patrimoniales entre las más altas del mundo desarrollado, sostenidas sobre un aparato policial eficiente y un sistema judicial predecible, dos condiciones que el capital y el turismo de alto poder adquisitivo valoran tanto como el margen de una inversión.
El caso también ilumina un mercado poco visible pero de flujo constante: el de los relojes de alta gama como reserva de valor. Richard Mille y Patek Philippe no son solo objetos de lujo; sus piezas se transan en mercados secundarios con retornos que en algunos modelos superan a activos financieros tradicionales. Que un robo de cuatro unidades supere el millón de dólares no sorprende a quien sigue ese mercado: la escasez fabricada por las propias marcas sostiene la valorización.
Para el resto, la lectura es más simple. La propiedad privada, incluso la de lujo, solo vale lo que un Estado de derecho esté dispuesto a proteger. Japón lo demostró en dos días. El mercado, en última instancia, ya votó por jurisdicciones donde el riesgo país de perder lo propio es bajo.



