Los IndyCars tomaron las calles de Washington D.C. este domingo en el Freedom 250 Grand Prix, una carrera de 250 millas que rodea el National Mall en un circuito de 1,7 millas con siete curvas y 147 vueltas. Es la carrera callejera más larga desde mediados de los años ochenta, según reportó Fox Sports.
La recta más larga del trazado corre casi media milla por Pennsylvania Avenue, donde los vehículos alcanzan velocidades cercanas a los 185 mph —frente al límite habitual de 25 mph en esa vía—. La duración estimada del evento supera las tres horas, por encima del tiempo estándar de dos horas de las carreras IndyCar.
El evento fue creado mediante una orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump a principios de año. Esa orden instruyó al Departamento de Transporte y al Departamento del Interior a diseñar una ruta a través del National Mall. El portavoz de la Casa Blanca, Davis Ingle, declaró a Fox News Digital que «la histórica carrera de IndyCar que tendrá lugar en la capital de la nación será una de las más grandes e icónicas de la historia».
Entre los participantes figura Felix Rosenqvist, ganador del Indianapolis 500 de este año, junto con el campeón vigente de la serie NTT IndyCar, Alex Palou, quien lidera el campeonato por 133 puntos. Existe una posibilidad menor de que Palou clinche su cuarto título consecutivo en esta carrera; lo más probable es que lo haga en la Milwaukee Mile, en Wisconsin.
La logística del evento implicó soldar más de 200 tapas de alcantarilla, dado que la succión aerodinámica de los monoplazas puede desplazarlas, según reportó PBS. La Galería Nacional de Arte, ubicada sobre Constitution Avenue, encajonó algunas de sus esculturas exteriores tras realizar un estudio de vibraciones, ante preocupaciones de conservadores sobre posibles daños a obras de arte, de acuerdo con NPR.
La asistencia es gratuita pero requería boleto de admisión general, cuya ventana de solicitud cerró el 7 de junio. El Freedom 250 Grand Prix se suma al evento de UFC celebrado en junio en el jardín sur de la Casa Blanca, también bajo el paraguas de los festejos del 250 aniversario.
Desde Ágora Capital, el cuadro es claro: el libre mercado y la iniciativa privada no necesitan que el Estado organice espectáculos para demostrar su vitalidad. Pero cuando el aparato gubernamental elige celebrar la historia de la nación con competencia, velocidad y mérito —en lugar de subsidios y burocracia—, el mensaje de fondo apunta en la dirección correcta. La pregunta que queda sobre la mesa es cuánto costó al contribuyente soldar 200 tapas de alcantarilla y blindar esculturas públicas. El mercado celebra; la factura, como siempre, merece transparencia.



