La Secretaría de Economía reportó que la Inversión Extranjera Directa (IED) en México sumó 34,968 millones de dólares entre enero y junio de 2026, un avance de 2.1% respecto al mismo periodo de 2025 y el mayor monto histórico preliminar para un primer semestre.
El titular del récord, sin embargo, exige lectura fina. Del total captado, 88.5% correspondió a reinversión de utilidades —ganancias de empresas extranjeras ya instaladas que simplemente no salieron del país—, 7.8% a nuevas inversiones de capital y 3.7% a cuentas entre compañías.
En términos absolutos, las reinversiones alcanzaron 30,957 millones de dólares, con un crecimiento de 7.1% frente a 2025. Las nuevas inversiones, en cambio, cayeron 13.4%: de 3,149 millones en el primer semestre de 2025 a 2,726 millones en el mismo lapso de 2026. Las cuentas entre compañías también retrocedieron, de 2,202 millones a 1,285 millones de dólares.
La dependencia destacó que, en los últimos cinco años, la IED prácticamente se duplicó: entre el primer semestre de 2021 y el de 2026 el flujo creció 89.7%. Atribuyó los resultados a «la solidez de los fundamentos macroeconómicos e institucionales» y a las directrices del Plan México.
Por sectores, la industria manufacturera concentró 38.6% del total, con especial dinamismo en la fabricación de equipo de computación, comunicación y componentes electrónicos. Por origen, Estados Unidos aportó 48.2% del flujo, seguido de España con 14.2% y Canadá con 5.0%. En conjunto, los socios del T-MEC superaron la mitad del total, reflejo de la integración de cadenas de suministro regionales.
México paga un arancel efectivo promedio de 3.4% solo sobre los bienes que no cumplen reglas de origen del T-MEC, los cuales representan 15% del total exportado a Estados Unidos. Un reporte de Moody's Ratings citado en la fuente señala que el acceso preferencial al mercado estadounidense y los avances en negociaciones bilaterales respaldan la posición competitiva del país frente a otros destinos de inversión.
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Los números cuentan dos historias simultáneas. La primera, que México retiene capital extranjero: las empresas instaladas confían lo suficiente en su operación local como para no repatriar utilidades. La segunda, más incómoda para el aparato oficial, es que el capital nuevo —el que construye plantas, genera empleo y amplía capacidad productiva— lleva dos semestres contrayéndose.
Capital busca reglas claras. La incertidumbre arancelaria y el debate sobre el T-MEC elevan el costo de comprometer recursos frescos en un horizonte incierto. Mientras el Estado celebra el titular del récord, el mercado ya votó con cautela: la inversión fresca, la que de verdad transforma la estructura productiva, sigue esperando señales más sólidas de estabilidad jurídica y apertura.



