Los números primero. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, restó importancia el martes al estrecho de Ormuz, la vía marítima que concentra buena parte del comercio energético del Golfo Pérsico y que Irán controló durante el reciente conflicto. Según Bessent, nuevos oleoductos permitirán eludir ese paso «en dos años», momento en el que el estrecho quedará convertido en «una extensión de agua sin ningún valor».
Las declaraciones llegan en medio de una escalada de ataques recíprocos entre Washington y Teherán. El lunes, dos petroleros que intentaban salir de Ormuz fueron alcanzados por proyectiles, según la consultora de seguridad marítima Marisks.
El Departamento del Tesoro ha ganado protagonismo en el frente económico del conflicto. Bessent confirmó que Estados Unidos ya sancionó a las sucursales en Emiratos Árabes Unidos de Banque Misr, el segundo banco más grande de Egipto, tras detectar que esas filiales realizaron negocios por 1.800 millones de dólares con Irán en los últimos dos años. Washington optó por no sancionar a la matriz egipcia: «No los sancionamos porque no queríamos llegar hasta la matriz egipcia», dijo Bessent.
El funcionario adelantó que «probablemente» se anunciarán sanciones contra otro banco esta semana y contra un tercero la próxima. También reveló que el Tesoro evalúa sancionar a empresas de leasing de aeronaves como parte de la estrategia para aislar económicamente a Irán.
El flujo de crudo iraní, sin embargo, mantiene un cliente al margen de esta ofensiva: China, que compra más del 90% del petróleo que exporta Irán. Estados Unidos no ha tomado medidas públicas contra Pekín, algo que Bessent defendió al señalar que mantuvo conversaciones privadas con China sobre Irán durante la cumbre del G20.
«Cuando todos dicen que las sanciones no funcionan, puedo decirles que las sanciones más un bloqueo sí funcionan», afirmó Bessent. «Estamos enterrando la cabeza de la serpiente iraní. La serpiente todavía no sabe que está muerta, pero dejará de retorcerse cuando se ponga el sol».
El mercado ya votó: el anuncio de nuevos oleoductos y el cerco bancario apuntan a degradar el valor estratégico de Ormuz sin depender de una confrontación militar prolongada. Es la lógica de la administración Trump aplicada con instrumentos financieros: presión sobre bancos y aerolíneas, no solo sobre buques y misiles, para elevar el riesgo país de cualquier institución que siga operando con Teherán.
La excepción china revela, no obstante, el límite de esa estrategia. Mientras Pekín siga absorbiendo la mayor parte del crudo iraní sin sanción pública, la asfixia financiera prometida por el Tesoro tendrá un flanco abierto. Capital busca reglas claras, y en este caso la regla parece depender de la geopolítica con Pekín tanto como de la presión sobre Teherán.



