Los números primero. El Banco Central de Venezuela (BCV) fijó la tasa oficial en Bs. 791,66 por dólar para este viernes 28 de agosto, apenas por encima de los Bs. 791,32 registrados el jueves 27.
El euro corrió una suerte similar: cerró en Bs. 921,88, frente a los Bs. 921,81 de la jornada previa. La variación, en ambos casos, es mínima.
Es la primera vez en la semana que las dos divisas de referencia se mantienen prácticamente congeladas, después de días de incrementos sostenidos que, según reportó el propio BCV en jornadas anteriores, llevaron al dólar oficial hasta las puertas de los 800 bolívares.
El organismo calcula su cotización como el promedio ponderado de las operaciones realizadas diariamente en las mesas de cambio de las instituciones bancarias participantes, un mecanismo que traduce, con cierto rezago, la presión real que enfrenta la moneda en el sistema financiero autorizado.
La pausa de este viernes no altera, sin embargo, la tendencia de fondo. El bolívar acumula una depreciación constante frente al dólar en las últimas semanas, y una sola jornada de estabilidad puede ser apenas una excepción estadística antes de que la escalada retome su curso la próxima semana.
El mercado ya votó, y lo hizo mucho antes de esta pausa. Cuando una moneda pierde valor de forma sostenida frente al dólar, la señal relevante no es sobre el dólar: es sobre la confianza en las reglas económicas del país que la emite. Un solo día sin sobresaltos no revierte la corrosión del poder de compra que enfrentan quienes cobran, ahorran o negocian en bolívares.
Capital busca reglas claras, y mientras el tipo de cambio oficial dependa de un promedio ponderado calculado por el propio emisor —sin transparencia sobre la profundidad real del mercado que lo sostiene—, la brecha con el dólar paralelo seguirá siendo el termómetro más honesto de cuánto vale, en la práctica, la moneda venezolana. La estabilidad de un viernes no sustituye la estabilidad de un régimen monetario predecible.



